Legislativas en Holanda: a la derecha, la pared.


ECONOMÍA SIN CORBATA

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Diego Lawler y Claudio Alfaraz
El próximo 15 de marzo se realizarán en los Países Bajos las elecciones legislativas que pondrán en juego los 150 escaños del Parlamento y definirán el rumbo político del país en los próximos años. De acuerdo con las encuestas, la puja principal está dada entre el Partido Popular por la Libertad y la Democracia (VVD) del actual primer ministro Mark Rutte y el Partido de la Libertad (PVV) del nacionalista y xenófobo Geert Wilders. Sin embargo, lo que se dirime en estos comicios trasciende el escenario local. Los 12,6 millones de holandeses habilitados para votar no solamente definirán cuál de estas fuerzas se impondrá, sino que también darán el primer indicio de 2017 acerca del rumbo que podría tomar Europa a mediano plazo. De hecho, durante toda la campaña electoral, la relación con la Unión Europea y la inmigración han sido los temas centrales del debate entre los contendientes.
El contexto
Con unos 17 millones de habitantes y más de 750 mil millones de dólares de PBI, Holanda es una próspera monarquía constitucional y forma parte del grupo de seis países (junto con Alemania, Bélgica, Francia, Italia y Luxemburgo) que en 1951 crearon la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), primer embrión del proyecto de integración europea.
El año 2016 terminó con un crecimiento económico mayor al esperaResultado de imagen para Legislativas en Holanda: a la derecha, la pared.do, el nivel de desempleo más bajo en los últimos cinco años (5,4%) y la confianza del consumidor en el nivel más alto de los últimos nueve años. La inflación es baja y el país continuó teniendo un superávit comercial del 9% de su PBI. El ratio de deuda pública/PBI ha disminuido hasta llegar a un 63%. La situación migratoria registró 26.600 demandantes de ingreso en 2016, lo cual representa aproximadamente un 50% menos que los pedidos recibidos en 2015. Sin embargo, hay corrientes de opinión muy extendidas sobre los supuestos peligros de la islamización de la sociedad holandesa y los fracasos de la política de integración de los inmigrantes.
En Holanda el voto es voluntario. Si se mantiene el promedio de los últimos años, alrededor de nueve millones de personas votarían en estas elecciones que ponen la totalidad de las bancas parlamentarias. La elección del primer ministro es indirecta: se necesitan 76 diputados para obtener la mayoría absoluta que permita formar gobierno. En caso de que ninguna fuerza obtenga dicho número, los partidos deben negociar apoyos políticos y construir coaliciones. El procedimiento formal indica que el líder del partido que haya obtenido la mayoría absoluta o haya logrado conformar una coalición mayoritaria debe presentarse ante el rey con su propuesta de formación de gobierno.
En el actual Parlamento están representados 11 partidos, de los cuales seis son los principales. No obstante, se estima que en los comicios del 15 de marzo los votos se distribuirán entre 28 y 30 partidos políticos, la mayoría de ellos de creación reciente. La fragmentación del mapa político partidario provoca que usualmente los gobiernos que se establecen en los Países Bajos tengan que ser de coalición. Estas elecciones no serán la excepción: según se prevé, cuatro o cinco partidos deberán llegar a un acuerdo para formar una coalición de gobierno después de los comicios.
A falta de preocupaciones económicas de importancia, la campaña electoral ha girado principalmente en torno a la cuestión de los inmigrantes y la integración europea, con una agenda marcada por la retórica antiislámica y antieuropeísta de Geert Wilders. En este marco, la discusión se ha venido centrando en temas como el multiculturalismo, la globalización, la soberanía, los valores holandeses y en qué medida la Unión Europea es o no es útil para Holanda.
Como dato adicional, Holanda no utilizará para estos comicios el sistema de voto electrónico, de larga tradición en este país, sino que recurrirá al sistema manual de recuento de boletas y la transmisión de los resultados al centro cómputos por vía telefónica. Un grupo de expertos propuso un nuevo conjunto de estándares para el sistema de voto electrónico en 2016, pero las empresas de sistemas de registro y conteo electrónico del mercado europeo no han realizado sus ofertas. Las autoridades piensan que el software de los programas informáticos no aporta suficiente seguridad y quieren resguardar los resultados de los comicios del riesgo de que puedan ser alterados por vía informática.
Los partidos en pugna
En un contexto de permanente fluctuación del electorado y con un número relativamente alto de indecisos, las encuestas recientes señalan que la derecha continuará siendo la fuerza más votada, con un buen desempeño de los partidos que se sitúan en el centro del espectro político y una declinación del caudal electoral de la izquierda.
Dos partidos de derecha encabezan la disputa. Según los últimos sondeos, el Partido de la Libertad de Wilders adelanta por un estrecho margen al Partido Popular por la Libertad y la Democracia del primer ministro Rutte. Pese a que algunos intentan trazar paralelismos entre Wilders y el presidente estadounidense Donald Trump, calificando a ambos como “líderes populistas” que apelan al discurso de devolver la grandeza a sus respectivos países, existen diferencias entre ambos. Lejos de ser un recién llegado a la lucha electoral, Wilders se inició en la vida política cuando se unió al Partido Popular por la Libertad y la Democracia que ahora aspira a derrotar. Como miembro de esa formación accedió al Parlamento en 1998 y desde entonces no ha perdido su banca. En 2006 creó el Partido de la Libertad con una declaración de independencia respecto de la “elite de La Haya”, y ya en las elecciones de 2010 logró 24 escaños parlamentarios. Estos comicios son los cuartos en los que se presenta como líder de su formación. Sin embargo, y pese a los sucesivos éxitos electorales, el Partido de la Libertad carece de una estructura establecida –de hecho, formalmente Wilders es su único miembro– y apenas ha tenido peso en elecciones de nivel local. Inclusive, muchos de sus candidatos actuales también representan al Partido Popular por la Libertad y la Democracia en el Parlamento Europeo, el senado holandés o las asambleas provinciales. En los hechos, más allá de su discurso de apelación a las masas, hasta ahora Wilders no ha sido capaz de construir un partido sólido y ordenado, y hay quienes incluso sugieren que Wilders no apunta realmente a hacerse cargo del gobierno porque ve como más valioso continuar siendo el líder de un partido que se posiciona en la protesta permanente.
Aun si triunfara en estas elecciones, el Partido de la Libertad no obtendría la mayoría absoluta y debería establecer coaliciones para formar gobierno. Ahí reside el principal escollo real para las pretensiones de Wilders. El resto de los partidos rechaza su discurso de campaña, basado en posiciones duras que proponen el abandono del euro y de la Unión Europea y la limitación de cuajo a una inmigración a la que califica como “descontrolada”. Su faceta antiinmigratoria resalta sus posturas extremas y xenófobas: Wilders quiere prohibir el Corán y la inmigración musulmana y sostiene que Holanda tiene un “problema marroquí”. Si bien estas declaraciones le valieron ser citado por la justicia, Wilders denunció que con eso se atacaba su libertad de expresión y advirtió a jueces y políticos “del sistema” que no serán capaces de silenciarlo ni borrarlo de la escena política, lo cual le ha valido más simpatías de sus votantes.
El segundo lugar de las preferencias, y acortando notablemente las distancias a medida que se acerca el 15 de marzo, es para el Partido Popular por la Libertad y la Democracia del primer ministro Mark Rutte. Considerado como un gran aliado de la canciller alemana Angela Merkel, Rutte gobierna desde 2010 con el apoyo de diversos partidos; la actual coalición la encabeza su formación en alianza con el Partido del Trabajo (PvdA), de tendencia socialdemócrata.
Su gobierno se ha caracterizado por la implementación de una política económica liberal y de austeridad que incluyó la realización de recortes a pedido de la Unión Europea. Si bien el descontento de gran parte de la población hacia estas políticas ha hecho que el Partido Popular por la Libertad y la Democracia posiblemente pierda su condición de partido mayoritario, todo indica que sería la formación que se ubicaría en mejores condiciones para llegar a construir una coalición de gobierno.
Entre los demás partidos, el tercer lugar se disputa entre formaciones que se sitúan en el centro del espectro político: los demócrata cristianos (CDA), los social-liberales (D66) y la izquierda ecologista (GL). Un escalón más abajo, aunque logrando representación parlamentaria, entrarían los socialistas (SP), el partido de los pensionistas (50+) y los socialdemócratas del PvdA. Considerado hasta hace poco el mayor grupo político de izquierda del país, el PvdA ocupó el segundo lugar en las elecciones pasadas, pero el hecho de formar parte del actual gobierno y apoyar las políticas económicas de Rutte lo ha colocado al borde de una debacle electoral, si se cumplen los pronósticos de los sondeos.
En este escenario fragmentado, la pugna entre fuerzas políticas apunta tanto a atraer a la mayoría de los votantes como a posicionarse mejor en las negociaciones a las que inevitablemente se llegará para formar la próxima coalición gubernamental. Es por esto que las principales figuras de cada partido no solo presentan sus propuestas de gobierno sino que también, a lo largo de la campaña, han buscado echar sombras y dudas sobre sus adversarios, a veces incluso mediante difamaciones e informaciones falsas o de dudosa procedencia. Pero el dato significativo es que, a fin de captar a un electorado que se muestra disconforme con el establishment político, todos los partidos se han acercado en cierta medida a las posiciones de Wilders en lo que se refiere a la política inmigratoria, la acogida de refugiados y el aprendizaje del idioma holandés. Hace algunas semanas el primer ministro Rutte lanzó un aviso de campaña que indica a los nuevos inmigrantes que deben “actuar con normalidad o marcharse”. Por su parte, el líder de los demócrata cristianos, considerado un moderado, se ha sumado a este estado de opinión y afirmó en un debate televisivo reciente que “los Países Bajos están más enojados, más asustados y más inseguros que nunca”.
La implicancia de estas elecciones para Europa
El año 2017 trae consigo algunos aniversarios significativos para Europa. En febrero se conmemoraron los 25 años del Tratado de Maastricht, que creó la Unión Europea y profundizó la integración política, legal y económica que se venía llevando adelante bajo el paraguas de la Comunidad Económica Europea. Maastricht tuvo como resultado, entre otras cosas, que desde hace 15 años el euro sea la moneda común que circula en 12 países de la Unión. En marzo se cumplen 60 años de los tratados de Roma, por los que se crearon la Comunidad Económica Europea (CEE) y la Comunidad Europea de la Energía Atómica (CEEA o Euratom), organismos que con la ya mencionada CECA constituyen el germen de las Comunidades Europeas.
Sin embargo, el panorama actual muestra una Europa sumida en una fuerte crisis de identidad, golpeada por la salida del Reino Unido y en medio de cuestionamientos radicales lanzados por fuerzas políticas que ganan cada vez más relevancia en los distintos países de la Unión y ponen en disputa la conveniencia de continuar el proyecto continental.
La agenda de Europa en 2017 está marcada por elecciones que llevarán a la conformación de gobiernos en al menos tres de los países fundacionales de la integración: los Países Bajos, Francia (en abril) y Alemania (en septiembre), a los que podría sumarse también Italia. En todos estos países, al calor del inconformismo, el miedo y las posturas antiestablishment de gran parte de la población, han venido creciendo en los últimos años formaciones políticas derechistas y xenófobas que actualmente tienen aspiraciones serias de acceder al gobierno o al menos la capacidad de influenciar la agenda política de sus respectivas naciones. Factores como el avance de los partidos que pretenden la disolución de la Unión, la salida del euro y el corte drástico a la inmigración, junto con otros como la crisis de la moneda comunitaria, el estancamiento o débil crecimiento económico y la popularidad de los discursos xenófobos conforman un camino que puede tener como final una Europa muy diferente de la actual.
En este marco complejo, las elecciones holandesas, con su incógnita acerca del desempeño del partido de Wilders, son el primer episodio de 2017 para una disputa que viene atravesando todo el continente. Se enfrentan, por un lado, los ya establecidos partidos liberales y socialdemócratas, tradicionalmente favorables al bloque europeo, y, por otro lado, las fuerzas de perfil nacionalista, contrarias al europeísmo, xenófobas y antiinmigratorias. El telón de fondo está dado por los problemas económicos que atraviesan los países europeos, el alto desempleo juvenil en muchos países de la Unión, la amenaza cada vez más palpable del empobrecimiento y la precarización de las condiciones de vida de las clases medias, la caída de la actividad económica y una percepción cada vez más profunda de falta de futuro. En el tablero de Holanda se juega la primera partida de la serie que definirá el rumbo de Europa.
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