“Bienvenidos al infierno” Hamburgo como metonimia política


Como ya resulta previsible, la cumbre del G-20 en Hamburgo -desarrollada en julio de 2017- fue significada por los discursos mediáticos dominantes como un triunfo de Europa con respecto al aislacionismo de Trump. Contra el “credo proteccionista trumpiano” y el “negacionismo climático”, la Unión Europea habría logrado consensuar la ratificación del pacto de París en materia de cambio climático y la reafirmación del “comercio libre” como bases irrenunciables de su desarrollo. La conclusión esgrimida, en resumen, es que la Cumbre ha resultado exitosa por arribar a unos acuerdos mayoritarios, a pesar del disenso de EEUU en estas materias.Una interpretación oficial semejante, sin embargo, apenas da cuenta del sentido de esos presuntos “logros”. Considerando que la Cumbre de París acerca del cambio climático consiguió un acuerdo in extremis que no tiene carácter vinculante, su ratificación también carece de fuerza de ley. En cuanto al consenso en torno al “libre comercio” no parece constituir más que una renovación del consenso neoliberal que ya prevalece en los gobiernos europeos. Hay razones, por tanto, para sospechar sobre el valor de los acuerdos conseguidos. Estrictamente, el G-20 ha operado como un ritual de alineamiento o, si se quiere, una declaración de intenciones del bloque europeo, del que se descuelga parcialmente el gobierno estadounidense.

Dicha interpretación también elude toda referencia a las graves omisiones del G-20, comenzando por la falta de debate en torno a las crecientes brechas entre ricos y pobres, las injusticias globales que contribuye a producir y sus intervenciones neocoloniales en las guerras que asolan Medio Oriente y parte de África. Tampoco contempla poner a debate el “credo librecambista” que, a efectos reales, no supone otra cosa que la consolidación de la desigualdad internacional de los términos del intercambio, el deterioro del tejido económico local y la primacía de las corporaciones trasnacionales y la gran banca a escala global. Cualquier objeción al dogma del “libre mercado” se convierte, según estos analistas, en una apología del “credo proteccionista”, como si los problemas endémicos del paro, el empleo precario, la pobreza y la exclusión social, la desigualdad socioeconómica, la desindustrialización, la protección y preservación del medioambiente, la concentración de riqueza o la regresividad tributaria se resolvieran mágicamente a partir de la autorregulación del mercado.

En la retórica neoliberal de los analistas, la Unión Europea representaría el siglo XXI, en contraposición al nacionalismo caduco de Trump. En efecto, en el análisis dicotómico que plantean, el nacionalismo derechista de Trump resulta indefendible. Lo que, en cambio, ni siquiera se plantea es la posibilidad de cuestionar un credo neoliberal que está arrasando lo que otrora conocimos como economía del bienestar, incluso si ese bienestar tuviera como contracara perversa el malestar de las periferias.

El presunto “éxito” de la Cumbre, por tanto, no significa nada distinto que la escenificación política de la hegemonía del neoliberalismo, del que EEUU dejaría de ser, al menos momentáneamente, su adalid. Desde otra perspectiva, sin embargo, interpretar esa escenificación como un “éxito” es insostenible. No sólo no se han abordado los problemas socioeconómicos y geoestratégicos fundamentales –constatando el autismo político de los gobiernos-, sino que no hay ningún signo de un cambio relevante de rumbo político. La respuesta del G-20 no es otra que seguir caminando hacia el abismo de la Europa del capital, fracturada en materia de derechos, militarizada en sus fronteras y lanzada a una nueva cruzada colonial.

Hay al menos otros cuatro elementos para juzgar la Cumbre como un fracaso rotundo. En primer lugar, las reuniones paralelas a tres bandas entre EEUU, Rusia y China, en las que se abordaron a puertas cerradas no sólo cuestiones militares o nuevas alianzas diplomáticas sino también un reparto geoestratégico que rivaliza con el protagonismo asumido por la Unión Europea, compensando el aislamiento político de EEUU. En segundo lugar, es dudoso que la ratificación de acuerdos comerciales y medioambientales preexistentes fortalezca a Merkel como mentora de la Cumbre, especialmente porque el desarrollo de una alianza tripartita paralela (el G3) podría reconfigurar la hegemonía mundial y debilitar seriamente la posición económica no sólo de Alemania sino de toda Europa, perdiendo probablemente a su mayor aliado militar o, cuando menos, reduciendo de forma significativa la colaboración mutua. En tercer término, el propio credo neoliberal se revela inconsistente, al admitir “el papel de los instrumentos legítimos de defensa en el ámbito comercial” (sic) o la necesidad de un “comercio justo” (sic), lo que no puede significar nada distinto a la legitimación de cierto intervencionismo estatal que pretendía excluir (como ya venía haciendo, a pesar de sus declaraciones en sentido contrario, con el salvataje billonario a la banca privada).

Finalmente, los numerosos disturbios producto del choque frontal entre policía y manifestantes arroja una imagen muy distinta a la que pretendía dar la anfitriona: no la vigencia del estado de derecho sino la evidencia de un estado policial que reprime con virulencia a quienes se enfrentan al actual orden mundial. La pretendida imagen de moderación policial frente a las protestas ha cedido a la imagen de una ciudad desierta y arrasada por las batallas campales que acompañaron toda la cumbre, con un saldo de cientos de heridos y detenidos. Con ello, la lección que Merkel pretendía dar al presidente turco Erdogán por su giro autoritario se ha visto frustrada de forma clamorosa.

-II-

Simultáneamente al desarrollo de la cumbre del G-20, otra Hamburgo irrumpía en la calle. Además de desarrollarse pocos días antes una cumbre social alternativa, poniendo en la mesa de debate aquellas problemáticas de primer orden que la cumbre oficial eludió, decenas de miles de activistas participaron en sucesivas protestas públicas, algunas encabezadas con el lema “bienvenidos al infierno”.

Es en este contexto donde Hamburgo constituye una metonimia política del presente: desplaza al antagonismo radical entre elites globales y movimientos sociales altermundistas. En efecto, Hamburgo se transformó en una ciudad tomada, lejana al adagio de las democracias parlamentarias y, en particular, al supuesto respeto a libertades fundamentales como el derecho de reunión y manifestación, así como a un principio de proporcionalidad en las actuaciones policiales.

Los discursos periodísticos dominantes se han limitado a repetir la versión oficial de los acontecimientos. Presentados los manifestantes como “violentos antisistema”, cualquier atisbo de crítica a la actuación policial se convierte ella misma en anti-sistémica. Si por su parte el presidente alemán Frank-Walter Steinmeier ha condenado enérgicamente los disturbios “contra la cumbre del G20”, calificando a los que participaron en los mismos como “brutales delincuentes violentos” (sic), los medios se limitaron a señalar mayoritariamente en la misma dirección, como si los grupos disidentes estuvieran, ipso facto, excluidos de la ciudadanía y de toda representación política.

Lo que es peor: de las marchas pacíficas que se sucedieron en Hamburgo no se retuvo más que la dimensión espectacular de los enfrentamientos, pese al despliegue de un dispositivo policial extraordinario en el que participaron más de 20.000 agentes ante la concurrencia de unos 100.000 activistas. Las numerosas detenciones y las reiteradas cargas policiales, completamente desmesuradas, ya de por sí son indicativas de este blindaje en el que la protesta pública no tenía cabida en tanto demanda política. La reducción de esta demanda a un enfrentamiento entre “fuerzas del orden” y activistas reducidos a “delincuentes violentos” (mayoritariamente “extranjeros” según el portavoz del Gobierno alemán, Steffen Seibert) muestra a las claras el empeño gubernamental en desacreditar cualquier reivindicación colectiva como presunta desestabilización del orden público.

“Marcha radical”, “extremistas” que buscan crear el “caos”, “vandalismo antisistema” y “oleada de violencia” son las etiquetas preferidas de la prensa oficial, comenzando por “El País” y “El mundo” que, una vez más, no han dudado en tomar partido abiertamente por el G-20, sin el menor atisbo crítico. El mensaje repetido de fondo es claro: no hay lugar para la protesta pública que cuestione la globalización capitalista y exija transformaciones sociales profundas. Lo que no encaja con el consenso neoliberal no tiene cabida en la escena de esta extraña forma de “democracia sin democracia”.

Resultado de imagen para Hamburgo muestra que la protesta pública

No procede decepcionarse ante estos discursos del establishment, ante todo, porque nunca suscitaron ilusión más que para unas elites globales que constatan lo sabido: sus prioridades políticas son completamente contrarias a las nuestras. Sus movimientos son cada vez más previsibles y, sin embargo, la virulencia represiva con la que actúan es signo de lo que pretenden evitar: la movilización colectiva de una ciudadanía disidente. Aunque insistan en que tomar la calle es inútil, el megadispositivo policial y el empeño con que han arremetido contra los grupos manifestantes en Hamburgo muestra que la protesta pública sigue siendo un medio central, aunque no exclusivo, para perturbar esta suerte de paz sepulcral en la que malvivimos.

La otra Hamburgo simboliza así la promesa de otro mundo posible y la reconstrucción de una resistencia global ante la globalización capitalista. Constituye una renovación del impulso rebelde que no acepta que la actual gobernanza sea la última palabra. La contracumbre de Hamburgo evoca una exigencia sistemáticamente desoída por el bloque europeo dominante: la necesidad de parar las guerras imperialistas, de abrir fronteras, defender la justicia ambiental, abogar por otra forma de distribución de la riqueza y, en suma, reclamar derechos sociales globales, como el derecho a la salud, al trabajo digno y a la educación escolar. Es tarea de esa resistencia global torcer el pulso de unos mandatarios que, haciéndose portavoces de los poderes económico-financieros globales, ratifican su decisión de dar las espaldas a un proyecto de sociedad donde los mercados no sean la instancia decisoria en la que se juega nuestro porvenir compartido.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

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Delibera en Buenos Aires el G-20 sobre trabajo como herramienta para superar la crisis


AudiovisualTelam

Publicado el 18/11/2013

El canciller Héctor Timerman fue el encargado de inaugurar esta tarde el Seminario del G-20 sobre Consistencia entre las políticas macroeconómicas y laborales” con la presencia de representantes de los países que componen el grupo.
Junto al canciller, exponen los ministros de Economía Hernán Lorenzino y de Trabajo Carlos Tomada y la presidenta del Banco Central Mercedes Marcó del Pont.
Todos ellos, en sus palabras de apertura, reivindicaron al trabajo con inclusión y justicia social como el mecanismo más poderoso para enfrentar las consecuencias de la crisis financiera internacional
Se recordó cómo, en el año 2008, a instancias de la presidenta Cristina Fernández, se reclamó y obtuvo la inclusión de la Organización Internacional del Trabajo en las reuniones del grupo con el objetivo de darle a la cuestión laboral un lugar de preeminencia en las discusiones.
Además se puso como ejemplo el camino recorrido por la Argentina en estos 10 años para superar la crisis devastadora que estalló en diciembre de 2001 mediante el eje central de las políticas del gobierno que fue y sigue siendo el de generar trabajo con justicia social.

La independencia económica de Argentina molesta a las grandes potencias


ActualidadRT·


Publicado el 22/12/2012
Argentina podría ser expulsada del Fondo Monetario Internacional, según informan varios medios británicos. Además, comentan que a esta acción le seguiría la salida del país del G20. En opinión de varios economistas, Argentina podría ser expulsada de estas entidades porque no sigue sus recomendaciones y lleva una política económica independiente.

La expulsión de Buenos Aires del FMI puede producirse debido a que el país latinoamericano no proporciona datos correctos al organismo internacional. Se trata de las tasas de inflación. El Fondo dio tres meses de plazo para que Argentina mejore la calidad de los datos estadísticos que proporciona al organismo.

El economista Andrés Asiain cree que la cuestión de cómo rige Argentina la inflación “es una cosa totalmente secundaria”. “Me parece que el tema de cómo mira la Argentina un índice de precios es un problema interno, que poco o nada tiene que ver o influir en las relaciones de Argentina y otras partes del mundo. Aparte es una cuestión bastante minúscula pensando en los grandes temas nacionales e internacionales que deberían preocupar”, comentó a RT su punto de vista acerca del tema Asiáin.

 

G 20 : Cristina llegó al hotel donde se alojara en los Cabos


AudiovisualTelam
En un marco de estricta seguridad, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner llegó ayer a las 15.50 (18.50 de Argentina) al hotel Fiesta Americana, el complejo en el que se hospedará durante su estadía para participar de la séptima Cumbre de Líderes y Jefes de Gobierno del Grupo de los 20 (G-20).
Integran la delegación presidencial el canciller Héctor Timerman, el ministro de Economía, Hernán Lorenzino; el vocero presidencial Alfredo Scoccimarro, y la embajadora argentina en México, Patricia Vaca Narvaja.
La actividad oficial que llevará adelante la Presidenta comenzará hoy lunes con la primera sesión plenaria de líderes que tendrá como tema central “La Economía global. Marco para el crecimiento vigoroso, sostenido y equilibrado”.
Los objetivos de la sesión harán foco en el análisis de las perspectivas económicas globales, evaluar el cumplimiento de compromisos anteriores y discutir el contenido del “Plan de Acción de Los Cabos para el Crecimiento y el Empleo”.
El encuentro arrancará cerca del mediodía de México, las primeras horas de la tarde en Argentina a causa de la diferencia horaria.
Cerca a las 20 hora de México (las 24 en Argentina), Cristina participará de la Cena de Líderes que brindará el presidente Felipe Calderón a los jefes de Estados que participan de la Cumbre. El programa oficial contempla para la mañana del martes 19 la segunda sesión plenaria de los líderes del G-20. El tema convocante será “El fortalecimiento de la arquitectura financiera internacional y el sistema financiero, y promoción de la inclusión financiera”.
Luego se llevará a cabo la tradicional “foto de familia”, con la presencia de todos los mandatarios y jefes de Estados invitados al encuentro.
A continuación, comenzará la tercera sesión plenaria bajo el lema “Desarrollo: crecimiento verde, infraestructura y seguridad alimentaria”, donde la Argentina planteará iniciativas para fortalecer la inversión en infraestructura como motor del crecimiento mundial.
Pasado el mediodía en México, alrededor de las 17 en Argentina, se llevará a cabo un almuerzo de trabajo. Allí analizarán cuestiones relacionadas con el “Comercio, creación de empleo y crecimiento”.
En el cierre, el presidente Calderón brindará una conferencia de prensa en la que dará a conocer la declaración final de la Cumbre del G-20.

Obama con su mirada intimidatoria no pudo con Cristina


Español: La Presidenta saluda a su par de Esta...

Español: La Presidenta saluda a su par de Estados Unidos, Barack Obama y su esposa Michelle (Photo credit: Wikipedia)


Barak Obama Presidente de los EEUU y su reunión con la mandataria de Argentina CFK

La crisis económica, la democracia y la disputa por el sentido


Por Ricardo Forster

Fuente : El Argentino.com

En un artículo anterior hablamos del shock al que son sometidas sociedades enteras; destacamos de qué manera el sistema, lo que Cristina denominó el anarcocapitalismo financiero, utiliza diferentes instrumentos para propagar el miedo en el interior de la población y, una vez logrado el efecto paralizante, lo que adviene es la aplicación impiadosa de políticas que hacen eje, fundamentalmente, en la impostergable, así lo anuncian con ímpetu tremendista, necesidad de ajustes fiscales (léase reducción de empleados públicos y de salarios, privatizaciones, recortes y aumentos de la edad jubilatoria, flexibilización laboral y poda del “gasto social” unido a la disminución del presupuesto educativo y de salud) cuyo destino, eso dicen, es “salvar” a las economías exhaustas de una bancarrota mortífera (lo que no dicen es que la crisis la han producido los mismos que ahora ofrecen sus servicios “técnicos” para rescatar a los responsables del desastre, esto es, a sus bancos y financieras). De ese modo, el pánico resquebraja la resistencia y se internaliza en el sentido común hasta doblegar y volver disponibles a quienes, hasta ayer nomás, eran los supuestos beneficiarios de la economía global de mercado y de las mieles del consumo desenfrenado.

Sociedades vaciadas, incapaces de enfrentarse a la evidencia de un sistema corrosivo de toda equidad que amenaza con arrojar a una parte no menor de los ciudadanos a la intemperie. Fragmentación social, sospechas mutuas, ruptura de los antiguos vínculos de solidaridad, despolitización, prejuicios multiplicados contra los inmigrantes, cuentapropismo moral emanado de la abrumadora presencia en la últimas décadas de un hiperindividualismo asociado a la supuesta panacea del goce indefinido y de la espectacularización de la vida exitosa de ricos y famosos, ampliación de la ideología cualunquista en amplios sectores medios que se identifican con abrumadora desesperación con los mismos responsables de la crisis, son algunas de las características que invaden a sociedades desconcertadas y sin recursos materiales y simbólicos para oponerse a la brutal tormenta desatada sobre sus cabezas por los famosos “mercados” del capitalismo triunfante bajo matriz neoliberal.

Resulta patético escuchar a prestigiosos intelectuales europeos, autodefinidos como progresistas, que justifican, uno tras otro, todos los argumentos del neoliberalismo utilizando una retórica que, como si fuera un déjà-vu, nos retrotrae a lo que solíamos escuchar en nuestro país en la fatídica década de los ’90. Quizás, Europa tenga que atravesar su propio purgatorio antes de encontrar las fuerzas suficientes para reconstruir lo mejor de su memoria popular y democrática arrasada por décadas de anestesiamiento neoliberal. Entre nosotros, en el borde del mundo, la ruptura de esa matriz hegemónica recién tuvo lugar cuando todo había saltado en mil pedazos. Salir de esa reproducción de la barbarie disfrazada de “entrada en el primer mundo y en la globalización” fue posible porque una serie azarosa de circunstancias habilitaron la llegada de un desgarbado político venido del sur patagónico y ampliamente desconocido por el gran público. Entre la protesta social, la voluntad y la convicción política se amasó un nuevo tiempo argentino. ¿Encontrarán los griegos, los italianos o los españoles a quien o quienes puedan sacarlos de la bancarrota social, política, económica y moral?

La estrategia, regresando a nuestra geografía sureña, sigue siendo la misma: un cóctel de catastrofismo con un complemento de la tan declamada ineficiencia gubernamental más una pizca de “sutil” campaña mediática dirigida, fundamentalmente, hacia los estratos medios siempre sensibles ante esos escenarios de incendio inminente al que son tan afines los grandes medios de comunicación. Pero para que el sabor sea más “original” y encuentre más y mejores consumidores se le agrega, en abundante sazón, la sabiduría, tantas veces expresada con infatigable elocuencia, por los “economistas” del establishment, esos mismos que durante un par de décadas se dedicaron, full time, a desparramar su visión neoliberal al mismo tiempo que exigían, con vehemencia de guerreros cebados, la desarticulación del Estado, máximo responsable de la decadencia nacional. Como buenos intelectuales orgánicos al servicio del capital concentrado no han cesado en su prédica que no tenía ni tiene otro objetivo, además de suculentos honorarios, que beneficiar a sus generosos mecenas. Como un calco hoy vemos de qué modo se multiplican en Europa los mismos argumentos y las mismas discursividades cínicas, esas mismas que taladraron oídos y conciencias durante años hasta que la brutalidad de lo evidente, el estallido de la mentira, dejaron sin palabras (al menos por un tiempo) a los cultores de la “inexorabilidad” económica.

Sin ninguna contemplación para la salud de la ciudadanía ni mucho menos para su propio pudor, reiteran, como si fuera un mantra que los acompaña desde el origen más remoto, el recetario gastronómico capaz de aportar, eso siempre nos han dicho mientras preparaban un menú indigesto para las mayorías populares y para las propias clases medias que suelen escucharlos con pasión, milagros curativos: control del gasto social –siempre desaforado, clientelar y responsable de todos los males imaginables–, liberación de las tarifas, desregulación de la economía hoy dominada por los últimos representantes antediluvianos, eso dicen sin sonrojarse, del socialismo bajo el disfraz del chavismo, aplanamiento de los salarios –generadores, al aumentar desaforadamente, cómo podía ser de otro modo bajo un oficialismo demagógico, de la espiral inflacionaria–, autonomía real del Banco Central que, eso proclaman, debe ser la garantía contra el envilecimiento de la moneda y el uso indebido de las reservas –con un monetarismo a prueba de incendios dirigen todos sus dardos contra la actual presidenta que, por primera vez en décadas, ha puesto al Central en consonancia con un proyecto acorde con los intereses nacionales–, endeudamiento externo disimulado con la etiqueta de “volver al mercado de capitales” ávido de “ayudar” al país para reencontrar el rumbo perdido que nos estaba conduciendo, antes de la llegada del malsano populismo, hacia las costas doradas del Primer Mundo.

Mientras estas cosas dicen y reclaman los “economistas” del establishment, cultores de una “sana ortodoxia” que sale a combatir, cual cruzados, al demonio intervencionista, es tarea de los medios concentrados esparcir el pánico multiplicando las señales de hundimiento cuyo emblema máximo es, como en otras coyunturas nacionales, la sacrosanta moneda estadounidense transformada en el máximo fetiche de nuestros desinteresados ahorristas. Nada dicen de la puja por la renta, menos de la tendencia, ya convertida en una segunda naturaleza, a la fuga de capitales que llevan adelante, con sistemática impunidad, los grandes grupos económicos, esos mismos que acompañaron, con hombres e ideología, primero a la dictadura militar (punto de inicio del proceso de desindustrialización, de endeudamiento y de mutación hacia la “valorización financiera”, eufemismo que esconde la estrategia de vaciar de recursos al Estado nacional al mismo tiempo que se lo utiliza para endeudarse y conducir esos miles de miles de millones de dólares no hacia inversiones productivas sino hacia el monumental negocio de la especulación financiera que se convirtió en el eje de un ciclo que culminó, haciendo estallar el país y a la sociedad, en diciembre de 2001) y luego a la experiencia más destructiva, en términos sociales y económicos, que padeció la Argentina a lo largo de su historia y que nació del travestismo menemista y de la refinada teoría pergeñada por Domingo Cavallo desde la Fundación Mediterránea. La radical extranjerización de la economía, multiplicada durante la década de los ’90, fue la frutilla del postre tan festejada por los intelectuales orgánicos de la derecha vernácula. Todavía no hemos podido salir de esa pinza perversa que mantiene, en gran medida, capturado al aparato productivo favoreciendo tanto la concentración monopólica con la consiguiente estructura de formadores de precio que chantajean con la espiral inflacionaria, como la fuga de capitales amparados en la remisión de ganancias a las casas matrices que, como todos saben, hoy están ávidas de divisas (no importa que sean dólares devaluados) que compensen la asoladora crisis por las que atraviesan las economías de los países centrales.

Tarea mayúscula del kirchnerismo, y de su gobierno, seguir revirtiendo, con nuevas y originales herramientas y decisiones, este proceso de extranjerización. Difícil será impedir los golpes especulativos si al mismo tiempo no se atacan las causas que los favorecen (sin dudas que la acumulación de reservas en el Banco Central y la oportuna intervención en su dirección, sumadas a las últimas medidas que se tomaron en el mercado de cambios y la obligatoriedad de las mineras y petroleras de liquidar divisas en el país, constituyen diques de contención ante el avance especulativo pero, de eso se trata, no pueden ser los únicos recursos utilizables por el Estado). La disputa por la renta (en su diversidad) bajo la perspectiva de una distribución más equitativa, la superación del modelo legal que sigue favoreciendo al sistema financiero y que lo arrastramos desde la infausta época de Martínez de Hoz, la consolidación de la unidad sudamericana y el fortalecimiento del rol regulador del Estado son algunos de los núcleos indispensables para hacerles frente a las conjuras y conspiraciones de los poderes corporativos que, eso lo sabemos, siempre están esperando su oportunidad. Lo que tal vez no han aprendido es a entender cómo funciona el kirchnerismo, su capacidad para reaccionar y doblar la apuesta en los momentos de dificultad. Nada peor que subestimar al adversario y menos todavía cuando ese adversario ha demostrado con creces que retroceder no está en su ADN.

Esos mismos terroristas de la catástrofe inminente e ideólogos del libre mercado son los que hoy vuelven a saturar las pantallas y las radios esparciendo, hacia los cuatro vientos, sus “reveladoras verdades” de pitonisas frustradas ante un proyecto que viene cambiando la vida de los argentinos desde hace más de ocho años y se prepara, para alarma de tanto “refinado psicólogo” de los humores del mercado, a profundizar la horrible y espantosa “senda populista” mientras, una vez más, el mundo “serio” se dirige hacia otro lado, ese que los argentinos hemos extraviado de la mano de un gobierno “ineficiente y ciego” para corregir sus “monumentales equivocaciones”. Ellos, como siempre, están allí, desinteresadamente, para ofrecernos sus inmaculadas recetas. A esa receta Cristina le acaba de poner un nombre preciso: “anarcocapitalismo financiero”.

Muy atentos a lo que sucede en Europa, disfrutan y se relamen ante el mayor golpe contra la vida democrática que han sufrido griegos e italianos en las últimas décadas. Ellos desearían, para nuestro país, que se deje paso a los “técnicos y economistas” para resolver lo que los “políticos no pueden resolver” porque carecen de los conocimientos y de la firmeza suficiente para disciplinar a sociedades demasiado acostumbradas “al lujo, al dispendio y a la haraganería”. Con una brutalidad indisimulada han sido los grandes bancos y sus gobiernos (léase principalmente Alemania y Francia, con el aval de Estados Unidos) los que han decidido quiénes deberán hacerse cargo de la crítica situación de Grecia e Italia. Su elección no ha dejado ninguna duda: dos economistas del establishment bancario europeo, dos tecnócratas sin pasado ni tradición política –enfermedad de la democracia que hay que curar– serán los encargados de llevar hasta sus últimas consecuencias los planes de ajuste sin los que, eso proclaman desde los cuatro rincones mediáticos, será imposible salir de la crisis. Su receta, en la Argentina la padecimos con brutalidad sin anestesia, lanzará al desamparo a los más débiles y multiplicará la concentración en pocas manos de la riqueza, la extranjerización y la privatización de los últimos bienes de griegos e italianos. Nuestros economistas neoterroristas, cultores del espanto y anunciadores del Apocalipsis, sueñan con convertirse, como sus pares europeos, en los garantes de la libertad de mercado y en los ejecutores de aquellas políticas que devuelvan al país a la senda de la “racionalidad económica” de la que nunca debió haber salido. Lamentablemente para ellos el 54 por ciento de los argentinos votaron otro proyecto. ¿Pero desde cuándo les importó lo que piensan las mayorías y sus oxidados recursos democráticos? ¿Acaso no hemos aprendido todo de Europa y no descendemos de los barcos que vinieron allende el Océano Atlántico? ¿Por qué no volver a imitar a quienes han sido desde siempre nuestros pedagogos? Lástima la democracia y su horrenda costumbre de poner piedras en la rueda del progreso.

Por esos extraños movimientos de la historia es en nuestra región –siempre tan devaluada a los ojos de la cultura primermundista– donde la democracia se expande y se recrea dejando atrás las distintas formas de devastación neoliberal. Son nuestros pueblos y sus gobiernos los que se atreven a recobrar el espíritu democrático, los que rehabilitan la lengua política y la sed de participación. En Sudamérica se discute y se sueña de una manera como ya parece no ocurrir en el Viejo Continente; entre nosotros regresan las ideas de emancipación y de igualdad y lo hacen en el interior de nuevos y extraordinarios desafíos que exigen reconstruir antiguas tradiciones junto con la invención de nuevas escrituras capaces de darles sus nombres a las actuales circunstancias. La democracia, ahora sí, se mudó de geografía.

http://www.elargentino.com/nota-167175-La-crisis-economica-la-democracia-y-la-disputa-por-el-sentido.html

Mirada intimidatoria de Obama .No pudo Con nuestra Cristina



Parece haber pocas dudas en torno a la importancia de la mirada, de la forma en la cual miramos a los demás, pues se trata de una forma de comunicación en la cual, según opinión de muchos, resulta muy difícil, cuando no imposible, incurrir en falsedad.

Cristina aseguró que “siempre piensan en tomar decisiones para calmar a los mercados y ahora los que están impacientes son la gente y lo que hay que hacer es darle seguridad a la gente


Fuente : Pagina/12

Cristina en la mesa de trabajo del G-20

A lo largo de casi cinco horas, los mandatarios debatieron sobre la situación económica global, con Grecia como principal tema de conversación, y un “Plan de Acción para el Crecimiento”. La presidenta Cristina Kirchner volvió a plantear sus críticas por el papel que desempeñaron las calificadoras de crédito en la actual crisis financiera y pidió que las decisiones que se tomen tengan en cuenta a la gente y no que respondan solamente al interés de los mercados

Cristina aseguró que “siempre piensan en tomar decisiones para calmar a los mercados y ahora los que están impacientes son la gente y lo que hay que hacer es darle seguridad a la gente. A la gente se le da seguridad volcando recursos, generando trabajos, abriendo nuevas fábricas, dándole oportunidad a la gente que tenga un trabajo y con ese trabajo aumenta el consumo, al aumenta el consumo aumenta la demanda y de esta forma se produce un círculo virtuoso”.

La Presidenta afirmó que “no puede ser que Grecia, un país que tiene 10 millones de habitantes deba 350 mil millones de dólares y que alguien piense que puede pagarlo” y contrastó esta situación con lo que en su momento sucedió en Argentina, cuando previo a la crisis “debía 160.000 millones de dólares y era imposible de afrontarlo”.

En el transcurso del debate la crisis argentina de fines de 2001 fue citada por mandatarios de varios países, entre los que se contaron el de México, Felipe Calderon; y el primer ministro de Turquía, Tayyip Erdogan, quienes se pronunciaron a favor de que en el caso de Grecia se busque “una solución más completa que la que sucedió con Argentina, a la que se le prestó plata y luego fue abandonada a su suerte”.

Además, la Presidenta criticó nuevamente a las calificadores de riesgo al recordar que antes de que estalle la crisis griega las calificadoras “castigaban a la Argentina, mientras decía que Grecia tenía capacidad de pago” y daban su aval a nuevos endeudamientos que desembocaron en la situación actual. “¿Ahora quién se hace cargo del desastre que armaron las calificadoras de riesgo?”, apuntó la mandataria.

El canciller Héctor Timerman, el vocero presidencial, Alfredo Scoccimarro, y el secretario de Finanzas, Hernán Lorenzino, fueron quienes comunicaron a la prensa los detalles de las sesiones en la que la Presidenta hizo uso de la palabra en varias oportunidades.

A criterio de la delegación argentina, de la actual Cumbre del G-20 van a surgir “decisiones políticas” a raíz de la fuerte crisis desatada a partir de la situación griega. “Creo que el discurso de la Presidenta marcó eso, que la crisis del euro no es solamente una crisis económica sino también social. Es un tema que afecta no sólo a la zona euro sino a las demás zonas también”, señaló Timerman.

En base a la agenda oficial, el presidente Sarkozy tendrá a su cargo la lectura final del documento en una conferencia de prensa que brindará mañana después del mediodía.

http://www.pagina12.com.ar/diario/ultimas/subnotas/180432-56431-2011-11-03.html