LOS VENGADORES ARMENIOS-El nombre clave de la operación era Némesis, por la diosa griega de la venganza.


el periodico

VENGADORES DEL GENOCIDIO ARMENIO

‘Operación Némesis’: ojo por ojo

La deportación y masacre de más de un millón de armenios en 1915 tuvo su venganza. Una organización secreta, activada por la Federación Revolucionaria Armenia, cazó y dio muerte a siete responsables del genocidio.

POR XAVIER MORET

En este año del centenario se está hablando mucho del genocidio armenio, que costó la vida a millón y medio de personas, pero es menos conocida la venganza que, con el nombre de operación Némesis, emprendieron algunos armenios contra los responsables de aquella matanza iniciada el 24 de abril de 1915.

Fue en noviembre de 1919, en los breves años de independencia previos a la Unión Soviética, cuando el consejo general de la Federación Revolucionaria Armenia decidió, en una reunión en Ereván, condenar a muerte a los principales responsables del genocidio, tanto de Turquía como de Azerbaiyán. El nombre clave de la operación era Némesis, por la diosa griega de la venganza.

En la primera lista negra redactada por los dirigentes de la operación Némesis había 650 nombres; luego se redujo a 41 y, finalmente, a los que consideraban los siete criminales principales. Armen Garo, Aaron Sachaklian y Shahan Natali estaban al frente de este operativo que tiene puntos en común con la persecución de nazis emprendida por el judío Simon Wiesenthal después de la segunda guerra mundial.

Esta organización secreta tenía una doble sede, en Estambul y Boston. Un estudiante llamado Hrach Papazyan, que había conseguido infiltrarse en el Gobierno de los Jóvenes Turcos, era el encargado de buscar a los culpables. Los comandos que debían ejecutarles, entre 1920 y 1922, estaban formados por entre tres y cinco armenios.

El objetivo número uno de la operación Némesis era el ex gran visir Mehmet Talaat Pashá, ministro del Interior de Turquía que en 1915 dictó la orden de deportación de los armenios y que fue, por tanto, quien desencadenó el horror del genocidio. Pronto se comprobó que vivía exiliado en Berlín. Fue allí donde lo encontró el estudiante armenio Soghomon Tehlerian después de seis meses de búsqueda.

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Tehlerian alquiló un apartamento cerca de donde vivía Talaat, en el barrio berlinés de Charlottenburg y, después de seguirle durante varios días, el 15 de marzo de 1921 lo mató de un tiro en la nuca, disparado en la calle ante numerosos testigos. Cuando estos lo inmovilizaron, se limitó a decir: «Dejadme. Yo soy armenio, y él, turco. Esto no tiene nada que ver con vosotros».

Tras ser detenido, Tehlerian fue juzgado en junio de 1921. Ante el juzgado expuso los horrores del genocidio armenio y detalló que él había sobrevivido porque le dieron por muerto cuando le deportaban junto con su familia. Cuando después de dos días recuperó la consciencia, tuvo que apartar el cadáver de su hermano y recordó cómo había visto morir a sus padres y habían violado a su hermana. Al final le declararon inocente entre los aplausos del público. Una vez absuelto,

Tehlerian emigró a California, donde murió en 1960 como un héroe del pueblo armenio.

La operación Némesis no se detuvo aquí. Otros personajes asesinados por armenios, entre 1920 y 1921, son Fathali Khan Hoyski, primer ministro del Azerbaiyán, considerado responsable de la muerte de miles de armenios en Bakú; Behbud Javanshir, ex-ministro del Interior azerí; Said Halim Pashá, ex gran visir del imperio otomano; Enver Pashá, ex-ministro de la Guerra de Turquía; Ahmed Jamal Pashá, ex-ministro de Marina de Turquía; Mgrditch Harutuyan, miembro de la policía secreta turca en Estambul; y Jamal Azmí, ex-gobernador de la provincia de Trebisonda.

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La muerte del azerí Behbud Javanshir, el 18 de julio de 1921, fue una de las más espectaculares. Tuvo lugar en una calle de Estambul, muy cerca del lujoso Hotel Pera Palas. El armenio Misak Torlakian, nacido en Trebisonda (actual Turquía), fue el encargado de ejecutarlo. Le esperó a la puerta del hotel, le siguió cuando le vio salir y le disparó dos tiros en el pecho. Torlakian se dio a la fuga, pero cuando ya estaba lejos, le entraron dudas sobre si realmente lo había matado. Regresó, lanzó un tiro al aire para apartar a los curiosos y le disparó el tiro definitivo a Behbud Khan.

Condición mental dañada

A Torlakian lo detuvieron enseguida, sin que él opusiera resistencia. Semanas después, un tribunal militar británico lo consideró«culpable, pero no responsable», debido a su condición mental, afectada por el horror del genocidio. Después del juicio, Torlakian emigró a Estados Unidos, donde murió en 1968.

La operación Némesis se dio por concluida en 1922, tras la muerte a tiros de los principales responsables del genocidio armenio.

http://www.elperiodico.com/es/noticias/internacional/operacion-nemesis-ojo-por-ojo-4113263

Los cimientos del estado kemalista son los huesos de los armenios y con su sangre cuajó el acero turco. En otras palabras, no existe una base turca limpia.


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Asociación de Amistad Ellinoarmenikis 

El genocidio de los armenios no es sólo un día de conmemoración

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N. Lygeros

Traducción al español de Eduardo Lucena González y Olga Raptopoulou

El genocidio de los armenios no es sólo un día de conmemoración, sino una realidad también. El genocidio no existe únicamente el 24 de abril y no lo recordamos sólo en esta fecha. Es un crimen contra la Humanidad y, por lo tanto, no se puede borrar de nuestra memoria por mucho que quiera el régimen turco. No se nos olvida, además, porque Turquía no ha reconocido todavía dicho genocidio. No quiere aceptar que Kemal no era sino un Hitler más. Que Kemal es un genocida. Kemal, el genocida.

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Este es su nombre, y no otro, y mientras Turquía no lo acepte participará en el genocidio de la memoria. Los cimientos del estado kemalista son los huesos de los armenios y con su sangre cuajó el acero turco. En otras palabras, no existe una base turca limpia. Y aun reconociendo Turquía el genocidio de los armenios se desprende lo mismo. Por supuesto, esto no quiere decir que no haya una solución, ya que hay un esfuerzo por minimizar el papel de Kemal con los intentos de los neootomanos.

 

       Pero tampoco esto quiere decir que él no sea el continuador de un esfuerzo otomano de extinguir cualquier elemento no musulmán del Imperio Otomano. No olvidemos que los primeros informes oficiales sobre los problemas existentes se dan ya en 1878 en la Conferencia de Berlín por parte de la delegación armenia. Tampoco nos olvidamos, desde luego, de que las primeras matanzas masivas tienen lugar en 1894. Y consideramos que el genocidio armenio se inicia a partir de ese momento y no sólo desde 1915. Nosotros no confundimos los símbolos institucionales con la realidad histórica. Porque no nos lo permitimos. Y no podemos olvidar que el pueblo armenio es un pueblo cristiano, y que esta característica fue una de las justificaciones utilizadas para su genocidio.

Armenios en Hungría contra estatua de Atatürk en Budapest

 

Kemal fue simplemente la culminación del horror y de la barbarie, pero ambos habían existido antes. Esta barbarie, por lo tanto, no es una de las innovaciones de Kemal, sino un precedente.

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Y no es casual, sino necesario, que la Operación Némesis

 

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golpeara a animales como Talaat Pasha.

 Y no es casual, sino necesario, que el tribunal de Berlín absolviera a Soghomon Tehlirian.

 

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 Incluso la justicia institucional aceptó que una víctima puede ser transformada en un Justo por necesidad. Y eso lo hizo mucho antes de que el concepto de genocidio fuera reconocido o más bien inventado por Raphael Lemkin; lo que significa que la justicia institucional ya tenía desde entonces reconocida la barbarie del crimen contra la Humanidad. Porque esto es el genocidio de los armenios. Es la demostración en la práctica de la barbarie. Dicho de otra forma, el día de conmemoración es sólo un símbolo, mientras que la realidad nunca ha dejado de existir, ya que su existencia ni siquiera es reconocida por el régimen turco.

http://www.lygeros.org/articles.php?n=9238&l=es

PARA MERECER EL INFIERNO HAY QUE HACER DEMASIADOS MERITOS


Ruben Demirjian

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PARA MERECER EL INFIERNO HAY QUE HACER DEMASIADOS MERITOS.

 

 

 

En este video faltan algunas personas como Jorge Rafaél Videla, el dictador asesino que hoy murió ,posee demasiado mérito y es un justo merecedor del infierno.

 

Ruben Demirjian

Operación Némesis : EL VENGADOR DEL PUEBLO ARMENIO


Publicado el 03/05/2012 por 333Reydereyes
En 1921 Soghomon Tehlirian estuvo involucrado en las operaciones de asesinato de los principales organizadores del genocidio armenio llamado “Némesis”. Su tarea principal se convirtió en perseguir y vengarse de Talaat Pasha – el principal organizador del genocidio armenio. Después de largas búsquedas, finalmente se encontró con Talaat Pasha en Berlín y el 15 de marzo 1921. Soghomon Tehlirian asesino en la calle Hardenbergstasse del distrito de Charlottenburg de Berlín, en presencia de muchos testigos.
Soghomon Tehlirian fue arrestado a cargo del asesinato de Talaat Pasha, durante el juicio celebrado el 2 de junio y 3 contó la historia de la matanza de la familia y el genocidio armenio de los motivos de los asesinatos que había cometido. El tribunal alemán (Presidente doctor Lemberg) reconoció S. Tehleryan inocente y lo absolvió. El caso de Soghomon Tehlirian también fue fundamental para instar a Raphael Lemkin, quien acuñó el término genocidio en 1944.
Ruben Demirjian

“Falkenhayn impedido el genocidio otomano de los cristianos y judíos de Palestina, similar al que sufrieron los armenios.


PalestinaFuente : safed-tzfat-zefat

English: David Ben Gurion, Israel's Prime Mini...

English: David Ben Gurion, Israel's Prime Minister And Defence Minister. January, 1959Image via Wikipedia

¿Un alto oficial alemán evitó una masacre de judíos en Eretz Yisrael durante la I Guerra Mundial? – a Picture a Day


El general alemán Erich von Falkenhayn


Falkenhayn en el Monte del Templo


Falkenhayn y Jamal Pacha

El esfuerzo de guerra otomano en la Palestina bajo su control durante la Primera Guerra Mundial fue dirigido por oficiales alemanes, y su participación fue registrada por los fotógrafos de la American Colony. El general alemán Erich von Falkenhayn, un importante oficial prusiano que sirvió como jefe del Estado Mayor del Ejército alemán, fue el comandante de las tropas turcas y alemanas durante el crítico período de 1917-1918.

Una colección fotográfica alemana contiene una imagen de Falkenhayn abandonando Palestina en 1918, y tiene un título impresionante donde se afirma que Falkenhayn impidió una masacre turca de judíos de Palestina:

“Falkenhayn y el Estado Mayor alemán deben ser reconocidos como habiendo impedido el genocidio otomano de los cristianos y judíos de Palestina, similar al que sufrieron los armenios. En Wikipedia: “Su legado positivo se centra en su conducta durante la guerra en Palestina en 1917, tal como afirma su biógrafo Afflerbach: “Los inhumanos excesos contra los judíos de Palestina solamente se lograron evitar gracias a la conducta de Falkenhayn, que en el contexto de la historia alemana del siglo XX tiene un significado especial, y distingue al propio Falkenhayn”.

¿Es esto cierto? ¿Un general alemán protegió a la población judía de Palestina de una posible masacre? Mi primer impulso fue encontrar pruebas de ello.

“Falkenhayn: Una genealogía de la familia”, publicado en Internet, trata del tema un poco más: “Mientras estaba al mando en Palestina, fue capaz de evitar los planes de Turquía de desalojar a todos los judíos de Palestina, especialmente de Jerusalén. Todo ello estaba destinado a suceder cuando se producía el genocidio de los armenios, por lo que es justo decir que Falkenhayn impidió la erradicación de los asentamientos judíos en Palestina”.

Una vez más, ¿es esto cierto, o se trata de un testimonio alemán que trata de equilibrar lo sucedido dos décadas más tarde con el nazismo?

El general alemán aparece en una foto en un coche con el gobernante turco de Siria y Palestina, Jamal (también escrito como Cemal) Pasha, un gobernante cruel y uno de los “Jóvenes Turcos”, el liderazgo turco acusado ​de llevar a cabo la expulsión y la masacre de cientos de miles de armenios otomanos durante la Primera Guerra Mundial.

Parece ser que Jamal Pasha sospechaba de la lealtad de los judíos de Palestina. La explosión de los movimientos nacionalistas en todo el imperio otomano estaba erosionando el control turco, y el nacionalismo árabe y judío tenían que ser aplastados.

Los sionistas eran particularmennte sospechosos de oponerse a la dominación otomana, y sus líderes – como David Ben-Gurion – fueron arrestados con frecuencia, hostigados y exiliados. Muchos eran, relativamente, recién llegados desde Rusia, un Estado enemigo. Mientras tanto, y en ese mismo horizonte, se creaba la Legión Judía, unos 1.000 voluntarios judíos para el ejército británico, incluyendo algunos procedentes de Palestina, creada en 1915 como el nombre inicial de Zion Mule Corps, y que luchó con valentía contra los turcos en Gallipoli.

Así pues, los judios de Palestina temían que después de los armenios ellos serían los siguientes. El miedo provocó que algunos formaran la red de espionaje NILI, para contribuir al esfuerzo de guerra británico.

Eitan Belkind, que se infiltró en el ejército turco y sirvió en el staff de Jamal Pasha, fue testigo de la matanza de 5.000 armenios. Más tarde, su hermano fue colgado por los turcos como un espía del NILI. Sarah Aaronsohn, de Zichron Yaakov, estaba viajando en tren desde Turquía a Palestina en noviembre de 1915 y en el camino fue testigo de las atrocidades cometidas contra los armenios.

En 1916 se unió a su hermano Aharon Aaronsohn, un agrónomo muy conocido, en la formación de la red NILI. Capturada y torturada por los turcos en octubre de 1917 en Zichron Ya’akov, Sarah se suicidó antes de entregarles información.

En ese momento, los británicos se estaban moviendo hacia el norte de Sinaí, y presionando a lo largo del frente de Gaza hacia Beer Sheva.

El hermano de Sarah, Aharon, escribió en sus memorias: “La orden turca de confiscar las armas era una mala señal. Medidas similares fueron tomadas antes de la masacre de los armenios, y temíamos que nuestro pueblo sufriera la misma suerte”.

Un activista sionista describía así la crueldad del Comandante de Jaffa, Hassan Bey, ya en 1914:

“De repente, entraba a la cabeza del grupo para convocar a los respetables cabezas de familia después de medianoche… con la exigencia de que le llevaran algunos de los objetos de sus casas que habían llamado su atención, y ello tras arrestos sin fundamento, insultos, torturas… Estas eran las cosas que todo cabeza de familia tenía que temer. El acto más atroz llevado a cabo por los turcos fue la repentina expulsión de los judíos de Jaffa-Tel Aviv en la víspera de Pesaj, en abril de 1917. Entre 5.000 y 10.000 judíos fueron expulsados. La Yishuv de Galilea y Jerusalén protegió a muchos de estos refugiados judíos, pero con la ayuda financiera externa judía bloqueada por los turcos, y la tierra sufriendo de una plaga de langostas, muchos de los judíos expulsados ​​murieron de hambre y enfermedad. Según algún relato, un 20% de la población de Jaffa falleció”.

Un historiador alemán, Michael Hesemann , describe una situación horrible:

“Jamal Pasha, el comandante turco que fue responsable del genocidio armenio… amenazó a los colonos judíos-sionistas. En Jaffa, más de 8.000 judíos fueron obligados a abandonar sus hogares tras ser echados por los turcos. Dos judíos fueron ahorcados frente a la puerta de la ciudad, y decenas fueron encontrados muertos en la playa. En marzo, la nueva agencia Reuters informó de una expulsión masiva de judíos que podrían enfrentarse a un destino similar al de los armenios”.

En 1921, un representante de Palestina informó al XII Congreso Sionista sobre “Palestina durante la guerra”:

“En Jerusalén [al parecer, en 1917] … decenas de niños mueren de hambre en las calles sin que nadie repare en ellos. El tifus y el cólera se llevaron a cientos cada semana, y sin embargo, no hay ayuda médica apropiada organizada… A causa de esta falta de organización, falleció una parte considerable de la población de Jerusalén. El número de huérfanos en el momento de la captura de Jerusalén por el ejército inglés era de 2.700”. Y continua: “Las condiciones en Safed son similares a las de Jerusalén, en todo caso, peores… La tasa de mortalidad aquí también era terriblemente alta, hacia el final de la guerra el número de huérfanos era de 500”.

¿Qué fue lo que salvó a la comunidad judía antes de que los británicos terminaran su captura de Palestina a finales de 1917 y principios de 1918?

Varios relatos confirman que fueron los diplomáticos y oficiales alemanes los que protegieron a los judíos.

El Congreso Sionista informó de como los funcionarios consulares extranjeros acreditados “durante todo el período de su estancia en el país, se mostraron siempre dispuestos a ayudar, y prestaron valiosos servicios a la comunidad judía (Yishuv]. Especialmente dignos de mención son el vice-cónsul alemán Schabiner, en Haifa… La población judía también se benefició por la presencia del jefe de la misión militar alemana, el coronel Kress van Kressenstein, que en varias ocasiones ejerció su influencia a favor de los judíos”.

El mes pasado, el biógrafo de Falkenhayn, el profesor Holger Afflerbach de la Universidad de Leeds me confirmó que “Falkenhayn tenía que supervisar las medidas de Turquía contra los colonos judíos acusados ​​de alta traición y de colaboración con los ingleses, lo que impidió duras medidas por parte de Turquía. Jamal Pasha ya estaba hablando acerca de la evacuación de todos los colonos judíos de Palestina”.

El profesor prosigue: “Los paralelismos con el comienzo del genocidio armenio son evidentes y sorprendentes. Todo comenzó con las acusaciones de colaboracionismo armenio con los rusos, y los otomanos decidieron transportar a todos los armenios viviendo en las zona fronterizas a otras parte del Imperio. Esto terminó con la muerte y la aniquilación de los armenios. Teniendo en cuenta el hecho de que Palestina también suponía una primera línea a finales de 1917, algo muy similar podría haber ocurrido con los colonos judíos”.

“El papel de Falkenhayn fue crucial”, explica Afflerbach. “Su juicio en noviembre de 1917 fue el siguiente: Afirmó que había casos aislados de cooperación con los ingleses por parte de algunos radicales judíos, pero que sería injusto castigar a todas las comunidades judías que no tenían nada que ver con ellos. Por lo tanto, no pasó nada a los asentamientos judíos. Sólo en Jaffa fueron evacuados, por Jamal Pasha”.

Hesemann, el historiador alemán, cita al Dr. Jacob Thon, director de la Oficina Sionista en Jerusalén, que escribió en 1917: “Fue un caso especial de buena fortuna que en esos días tan críticos el general Von Falkenhayn tuviera el mando. Jamal Pasha, en ese cargo – y ya lo había anunciado con la suficiente frecuencia -, habría expulsado a toda la población y dejado al país en ruinas…”.

Falkenhayn no tenía ningún amor particular por judíos, de acuerdo con su biógrafo, el profesro Afflerbach. “Él era en muchos aspectos un típico oficial Wilhelmine, y ni siquiera estaba libre de ciertos prejuicios hacia los judíos, pero lo importante es que salvó miles de vidas judías”.

A photo of coat of arms of Zichron Yaakov, Israel.

Image via Wikipedia

¿Por qué nadie oyó hablar acerca de Falkenhayn y de su papel en la protección de los judíos de Palestina? Afflerbach nos responde: “La acción quedó en el olvido porque Falkenhayn se limitó a prevenir posibles acciones otomanas que podrían haber dado lugar a un genocidio… La cuestión, olvidada durante décadas, surgió sola de nuevo en la década de 1960, cuando los estudiosos empezaron a recordar…” .

Posdata:

Fuentes turcas reseñan una considerable tensión entre Jamal Pasha y Falkenhayn. El siguiente relato apareció en inglés, “Turkey in the First World War”:

El ataque británico sobre Jerusalén comenzó el 8 de diciembre. La ciudad fue defendida por el XX Cuerpo, comandado por Fuad Ali Pasha. Falkenhayn no envió refuerzos a Jerusalén porque no quería que las reliquias y los santos lugares fueron dañados a causa de los intensos combates”.

Después de retirarse de Jerusalén, Fuad Ali Pasha envió un cable a Jamal Pasha: “Desde mi primer día como comandante de las fuerzas de defensa de Jerusalén no he recibido ningún apoyo, salvo únicamente un regimiento de caballería… Los británicos, que se beneficiaron de la fatiga de mis pobres soldados… invadieron la hermosa ciudad de Jerusalén. Yo creo que la responsabilidad de este desastre pertenece completamente a Falkenhayn.

Ironía de ironías, los judíos de Palestina deben su supervive

Turcos, dispuestos a reconocer genocidios cometidos


Turcos, dispuestos a reconocer genocidios cometidos – Articulo7.

Al pedir públicamente y en nombre del Estado perdón por el genocidio de Dersim, el primer ministro Recep Tayyip Erdoğan ha abierto en Turquía un amplio debate sobre las masacres ocurridas en este país, un hecho que podría incluso replantear la negación de otras campañas de exterminio, de forma especial la que afectó a los armenios a comienzos del siglo XX.

A partir de 1939, Dersim fue declarado oficialmente un territorio “no habitable” y su nombre, de origen kurdo (literalmente, Puerta de Plata), fue modificado por el turco Tunceli, que quiere decir “Puño de Hierro”.

En el caso que ha provocado la actual polémica, todos los habitantes de Dersim, mayoritariamente de religión aleví, fueron asesinados o deportados a otras partes del país entre los años de 1936 y 1939, tras ser aplastada una revuelta general de las tribus locales. Aunque varios historiadores aseguran que fueron decenas de miles los muertos, los pocos documentos oficiales que se han podido consultar reconocen solo la cifra de 13,806, siendo un número similar los que fueron trasladados a la fuerza, fundamentalmente a las provincias de la costa mediterránea.

Viñeta alusiva al aplastamiento de los alevíes.

El debate ha estallado debido a que Erdoğan, tras presentar formalmente sus excusas, insinuó que el  principal grupo de la oposición, el Partido Republicano del Pueblo (CHP), había sido el responsable de esos crímenes y que, por lo tanto, también debía pedir perdón. Al CHP, de orientación socialdemócrata y con fuerte presencia política en la citada región, le ha faltado tiempo para aclarar que durante el periodo en que ocurrieron los sucesos de Dersim, Turquía era un sistema político de partido único y que, por lo tanto, no se pueden comparar estas dos situaciones históricas. La parlamentaria Sebahat Akkiraz ha puesto también en duda la sinceridad de Erdogán al señalar que si realmente quisiera aclarar lo ocurrido, debería facilitar las investigaciones sobre otros sucesos semejantes.

Se comenta que don Recep, al presentar formalmente las excusas de la nación a los alevíes, en realidad quiere echarle la culpa de la histórica masacre al principal grupo de la oposición, el Partido Republicano del Pueblo (CHP).

Varios destacados columnistas y profesores universitarios han comenzado a intervenir en la polémica, pidiendo que se abran otros archivos secretos de la época, en concreto los de las Fuerzas Armadas, si realmente se quiere saber la verdad, pues hay que tratar igualmente las matanzas de los cristianos armenios y asirios en las dos primeras décadas del siglo XX.

Fotografía de un grupo de mujeres y niños alevíes apresados en los años treintas por fuerzas del Ejército turco.

Eso es lo que ha declarado, por ejemplo, Hakan Yucel, sociólogo de la Universidad de Galatasaray, quien pone en duda la sinceridad de Erdoğan. “El Gobierno manipula estos hechos. En realidad, no quiere abrir el libro de las masacres cometidas en Turquía porque, en ese caso, también tendría que hablar de los armenios”.

Ahmet Demirel, historiador de la Universidad del Bósforo, se ha sumado a la petición de abrir los archivos secretos y ha dicho que las nuevas investigaciones debieran tener como conclusión lógica un hecho de una profunda trascendencia: reescribir los libros de texto con los que los niños turcos aprenden la historia de su país, ya que estos libros niegan la existencia de todas estas masacres.

Demirel, en una entrevista al periódico de lengua inglesa Deily News, aclara, además, que las masacres de Dersim se iniciaron después de que la revuelta de las tribus alevis había sido aplastada y toda la zona estaba ya bajo control del Ejército, de lo que se deduce que la “operación”, como se le denominó oficialmente, había sido concebida como una campaña de limpieza étnica.

Para una aproximación a ‘la cuestión armenia’, se consigue en Mérida la novela histórica ”El testamento armenio’, de G.H. Guarch.

Czarda triste por Hungría


Budapest Museum

Image via Wikipedia

Fuente : Pagina/12

Por Juan Forn

Los húngaros dicen que salvaron a Europa de los turcos. Que debieron soportar 150 años de dominio otomano, pero que una parte de su territorio, el principado de Transilvania, más precisamente el pueblo szekely, fue el bastión que resistió y frenó a los turcos. Durante el imperio Habsburgo, los szekely decían: “El emperador puede dormir en paz; nosotros velamos sus fronteras”. Los szekely se jactaban de ser más húngaros que todos sus compatriotas y de hablar un húngaro mucho más puro y musical que el del resto de Hungría. Incluso los hijos de un zapatero eran príncipes de la verba. Digo zapatero porque el padre de los hermanos Rajk era zapatero, y de sus hijos voy a hablar hoy. Con el fin de la Primera Guerra viene el Tratado de Versailles, que desmiembra famosamente a Hungría (la redujo a un tercio de su territorio), momento en que los szekely pasan, de un día para el otro, a ser parte de Rumania. Ni el apellido húngaro les dejan: a los Rajk pasan a llamarlos Rajku. Pero los Rajk no querían tener ni una letra de rumanos, y menos que menos la nacionalidad. Migran a Budapest para poder seguir siendo húngaros.

El hermano mayor, que se llama Endre, descubre al mismo tiempo que es bueno para hacer negocios y para la política, ambas cosas gracias a su verba. El hermano más joven, que se llama Lazlo, también se mete en política, pero porque descubre que odia los negocios, el dinero, el capital. Lazlo se hace comunista, cae preso, lo destierran, se va a pelear en la Guerra Civil Española, cae preso cuando cruza a Francia, lo repatrian a Hungría, que para entonces ha pactado con Hitler y tiene a los Cruces Flechadas en el poder, y cuando desemboca en una cárcel húngara se entera de que su hermano Endre es el segundo hombre más poderoso en el Budapest de la guerra: es el comisario de alimentos de la ciudad y mano derecha del tirano Szalasi.

Hace ocho años que los dos hermanos no se ven. El fin de la guerra está próximo, nada frena el avance de los rusos, los Cruces Flechadas entran en un frenesí de sangre durante esa postrera espera: someten a juicio sumario y se ponen a ejecutar a todos los prisioneros políticos, los cadáveres se amontonan en el patio de la prisión. Endre se presenta en el improvisado tribunal cuando están juzgando a Lazlo, exige declarar como testigo y hace gala de su verba para abrumar a los fiscales y lograr que se posponga y posponga la condena hasta que todo se desmadra con la llegada de los rusos y la precipitada huida de los Cruces Flechadas y del propio Endre, que logra llegar a Austria y de allí a Alemania, donde es apresado por los aliados al fin de la guerra y encarcelado en un campo de funcionarios prófugos, a la espera de que Budapest pida su repatriación para juzgarlo.

El nuevo gobierno húngaro es, por supuesto, comunista, y uno de sus hombres fuertes, uno de los más respetados por sus camaradas, es Lazlo Rajk, ese cuadro templado en la clandestinidad y las cárceles antes y después de luchar en España. Tan confiable es Lazlo que se le encarga la creación de la policía secreta del nuevo régimen (el AVO), y luego el Ministerio del Interior. En medio de esa carrera meteórica, pide testificar en la causa de repatriación de su hermano y hace gala de su verba para convencer al tribunal de que ese hombre que llamaba a su líder “Hermano y Guía de la Nación” y que declaró, cuando los yanquis lo interrogaron, que él no era antisemita sino a-semita (“simplemente creo que Hungría no necesita a los judíos”), también salvó del hambre a muchos húngaros durante el sitio de Budapest, y consigue así bloquear la deportación y pagar la deuda que tenía con él.

Desde su pobre exilio provinciano en Alemania, Endre va enterándose por radio del ascenso de su hermano menor en el parnaso comunista. Y, de pronto, lo inesperado: Lazlo es acusado de traidor a la patria durante la última purga stalinista. Es 1949. Los enemigos del día son los desviacionistas como el general Tito, que osó decir que Yugoslavia no necesita de la URSS. Y ya se sabe cómo son los szekely con el tema patriotismo. Para peor, Tito conocía a Lazlo de España y lo ha elogiado públicamente. Hungría necesita mandar un mensaje de inequívoca sumisión a Moscú: el juicio de Lazlo se transmite en directo por radio, y así es cómo millones de húngaros, dentro y fuera de su país (como Endre), escuchan con estupor a Lazlo Rajk autoincriminarse desde el estrado: el szekely loco de la verba incendiaria hace un mea culpa abyecto, monocorde, que ahorra todo trabajo al fiscal. Se dice que le habían prometido ponerlo en un avión con su mujer y su hijito de cinco meses, y permitirle una nueva vida en Pekín (el PC chino a veces recibía a los proscriptos por Stalin). Se dice que recién cuando lo llevaban al cadalso entendió lo que iba a pasar y gritó: “¡Camaradas, esto no es lo que me habían prometido!”.

El caso Rajk se convirtió en una causa célebre. Siete años después de ocurrido el hecho, ya con Kruschev en el poder, se rehabilitó post-mortem a Lazlo y se le permitió a la viuda recuperar el cuerpo. Ella dijo que, ya que habían juzgado públicamente a su marido, exigía un funeral público. Se juntaron cien mil personas. La viuda no quiso discursos. El AVO se declaró incapaz de infiltrar y boicotear el multitudinario evento: sus agentes más veteranos decían que sólo Lazlo Rajk hubiera sabido cómo hacerlo. La mecha encendida en esa silenciosa manifestación (la primera de tal envergadura en países comunistas) estalló con todo su ruido sólo dos semanas después, con la famosa insurrección de Hungría de 1956 y su posterior sometimiento a los tanques rusos, mientras Occidente miraba hacia otra parte, como siempre.

Los años pasaron. Endre murió. La viuda de Lazlo murió. Gorbachov llegó al poder en Rusia y anunció la Glasnost y la Perestroika, y aquel bebé de cinco meses llamado Lazlo Rajk hijo, ya hecho un hombre, motorizó la rehabilitación y entierro público de Imre Nagy, el político mártir de la insurrección de 1956. Fueron más de 300 mil personas. Esta vez sí hubo discursos y, como consecuencia, el agónico gobierno comunista abrió ese mismo día su frontera con Austria y Hungría se convirtió en el pasillo por el cual los alemanes del Este pasaban a Alemania Occidental: el Muro ya estaba roto, aunque faltaran un par de días para que se vieran los primeros mazazos por TV. Subido al viento de la Historia, Lazlo Rajk hijo se presentó como candidato socialdemócrata en las primeras elecciones después de la caída del Muro. Salió segundo. Fue derrotado por el Fórum Democrático, el partido que defendía los valores nacionalistas reaccionarios a los que había adherido su tío Endre. Hasta el día de hoy siguen en el poder. Se jactan de saber qué quieren los húngaros mejor que todos los demás húngaros. Hablan de lo magyar como los szekely hablaban de sí mismos. El viento de la Historia enloquece siempre que sopla en Mitteleuropa.

http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-180490-2011-11-04.html

Lista de los mas grandes asesinos : Enver Pasha se encuentra en sexta posición.


 

Fuente : La Sexta  Noticias

Han sido muchas las ocasiones en las que la historia ha convertido en jefes de Gobierno a personajes que han acabado convirtiéndose en grandes genocidas. Pero, ¿quién ha sido el peor de todos?

La detención del criminal del ejército serbio Marko Mladic, acusado de orquestar la masacre de 8.000 varones y niños musulmanes en la localidad de Srebrenica y del brutal asedio de Sarajevo durante 43 meses, en que se calcula que murieron alrededor de 10.000 personas, nos ha llevado a preguntarnos quiénes han sido los mayores genocidas de la historia. Una trágica lista que encabeza de manera muy clara el dictador de la Revolución China, Mao Zedong.

 

Según los cálculos, el histórico líder del Partido Comunista del gigante asiático fue responsable durante su mandato (1949-1976) de la muerte de entre 49 y 78 millones de ciudadanos, a través de un brutal programa de represión en pos de lograr asegurar la estabilidad de la República Popular.

 

Pero las muertes provocadas por Mao no se debieron tan solo a la crueldad del aparato represivo de su régimen tiránico. Su gran apuesta por la modernización de China, el llamado “Gran Salto Adelante” de 1959, provocó que al menos 30 millones de personas pereciesen a causa de la inanición que provocó el abandono de los campos.

 

En segunda posición entre los más sanguinarios encontramos a otro líder comunista, como es el caso de Josef Stalin. La dictadura del terror ejercida por el máximo mandatario de los bolcheviques costó la vida a alrededor de 23 millones de rusos.

 

Aparte de todos aquellos que no comulgaban o no apoyaban sus ideas, a quienes ordenaba ejecutar o enviaba a los terribles gulags, Stalin centró gran parte de su ira contra el pueblo ucraniano, al que condenó a morir de hambre entre 1932 y 33, por el miedo que le provocaba una posible escalada del nacionalismo.

 

Más allá del holocausto

 

La medalla de bronce de estos grandes genocidas es para el líder supremo del Tercer Reich, Adolf Hitler. La obsesión del fundador del nacional socialismo por eliminar a los judios de la faz de la Tierra se saldó con la muerte de seis millones hebreos en los campos de concentración y exterminio.

 

Pero el odio del nazismo no se conformó solo con los judíos, sino que también puso en su punto de mira a gitanos, comunistas, disminuidos físicos y psíquicos, homosexuales y prisioneros de guerra, debido a una política de purificación de la raza que segó la vida de 17 millones de personas.

 

La sorprendente, pero bien merecida, cuarta posición es para el que fuera rey de Bélgica en plena época del colonialismo, Leopoldo II, cuya política de esclavización, explotación y represión en su territorio africano de Congo, provocó que su milicia personal ejecutase a cerca de 10 millones de personas, a causa de su ‘fiebre’ por obtener la mayor cantidad de caucho posible.

 

La quinta plaza la logró a pulso el primer ministro japonés durante la II Guerra Mundial, Hideki Tojo, responsable del ataque a Pearl Harbour y de la entrada de las fuerzas niponas en la provincia china de Manchuria y su expansión por Asia y Australia, donde asesinaron sin piedad a más de cinco millones de civiles chinos, filipinos, australianos y coreanos, a quienes consideraba inferiores.

 

El genocidio armenio y los Jemeres Rojos

 

En sexta posición encontramos al frustrado general otomano y líder de los Jóvenes Turcos, Ismail Enver Pasha, quien culpó de su ineficiencia y su aplastante derrota a manos de los rusos en Sarikami al pueblo armenio. A partir de entonces comenzó una de las primeras ‘limpiezas étnicas’ del siglo XX, en la que perecieron 1, 5 millones de armenios, a los que hay que sumar otro millón de griegos y asirios.

 

El séptimo lugar lo ocupa el sanguinario líder de los Jemeres Rojos, Pol Pot, quien en su obsesión por “encontrar al enemigo oculto” torturó y asesinó a una cuarta parte de la población de Camboya. Así, no menos de dos millones de camboyanos fueron eliminados por uno de los regímenes más crueles de la historia.

 

Muy cerquita de su camarada camboyano, en octava posición, encontramos a Kim Il Sung, difunto padre de Kim Jong Il y responsable principal de la instauración del actual régimen de Corea del Norte. Las purgas llevadas a cabo por este “Presidente eterno de la República”, para quitar de en medio cualquier elemento opositor, mataron a 1,6 millones de norcoreanos.

 

El número nueve de esta execrable lista es el Mengistu Haile Mariam, quien todavía vive en Zimbabue bajo la protección de Robert Mugabe, aunque haya sido condenado a muerte. Su época del Terror Rojo, en la que acabó con todos los opositores a su poder en Etiopía, se saldó con un millón y medio de muertos.

 

La lista la cierra el nigeriano Yakubu Gowon. Su guerra civil para impedir la secesión de la República de Biafra y quedarse con el control de sus reservas de petróleo y con la preciada salida al mar, provocó que un millón de muertos, casi todos de la etnia igbo.

Entre la barbarie y las búsquedas


Oath of allegiance to the Constitution of Buen...

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Fuente >Pagina/12

por Osvaldo Bayer

Desde Bonn

Pese a la gran vergüenza de la moral humana ante el episodio Obama-Osama, la ética no se rinde y sigue su lucha silenciosa pero firme. Y pese al bombo de los medios del poder financiero mundial, el neoliberalismo económico –ayudado con el optimismo de Vargas Llosa– nos sigue mostrando a diario que necesitael gran debate. Veamos si no el caso Grecia, en el mercado común europeo, con su deuda de 65 mil millones de euros, para no hablar de la desocupación en España. ¿Y el modelo Estados Unidos? Más de seis millones de sus habitantes ya pasaron más de seis meses sin trabajo y más de cuatro millones no trabajan desde hace un año. Y el otro aspecto: las guerras en el mundo árabe, de una crueldad ya desatada en sus extremos. Aquí, como ejemplo, en Alemania, el Partido Liberal ha caído al cuatro por ciento en los pronósticos para las próximas elecciones.

Y basta leer el último informe de Unicef para mostrar a dónde nos lleva el sistema que domina el mundo: las catástrofes naturales que suceden de acuerdo con el cambio climático han producido el pasado año 296.800 muertos. La mitad, niños. Y señala textualmente: “Los niños son víctimas de doble violencia porque ellos, por falta de alimentación y enfermedades, ya presentan síntomas de debilidad. En los últimos años han aumentado sensiblemente las catástrofes de la naturaleza por el cambio climático: de 250 en la década del noventa a 392 entre el 2000 y el 2008, y ya en el 2010 alcanzaron a 373 de esas catástrofes, marcando un triste record.

Eso ya tuvo consecuencias en Alemania. El Partido Verde, cuyo programa es casi exclusivamente la defensa de la naturaleza y la lucha contra el sistema de consumo y de las centrales atómicas, ha ascendido en el voto como ningún otro partido. Ya ha ganado en uno de los estados del sur alemán y en las encuestas saltó del quinto lugar al segundo en el plano nacional. Un llamado de atención a la sociedad de consumo. Pienso en Buenos Aires a las seis de la tarde: un automóvil detrás de otro en inmensas masas de acero y gases, como gusanos unos detrás de otro, en el reino de la irracionalidad. Cambiar el cielo azul por las nubes de gases. Primero los niños. No, el auto.

Pero vayamos a lo positivo. Los pequeños pasos que dan los seres humanos ante la irracionalidad y los crímenes de otros. Por ejemplo, en Potsdam, cercano a Berlín, se ha inaugurado un museo dedicado a Johannes Lepsius, llamado “el ángel protector de los armenios”. Durante décadas olvidado y denostado, ahora surge su personalidad. Lepsius fue el hombre que –siendo Alemania aliado de Turquía en la Primera Guerra Mundial– atacó con toda energía al ministro de Guerra turco Enver Pascha y lo acusó junto a su gobierno de ser los autores de “el exterminio planificado de otra nación”, ya en 1915. Desde ese momento Lepsius no descansó. Se calcula que envió su denuncia, titulada “Informe sobre la situación del pueblo armenio en Turquía”, a más de veinte mil direcciones de todas partes del mundo. En 1916, en Alemania se prohibió el informe de Lepsius. Este, como reacción, creó la Obra de Ayuda al Pueblo Armenio con la que auxilió a los fugitivos y buscó para ellos albergue.

Ahora, en Potsdam, se ha inaugurado el Museo Lepsius, con todos sus documentos de denuncia, una galería de fotos con hombres armenios colgados de horcas en plazas públicas de ciudades turcas y la muerte en los caminos, de hambre, de miles de madres y niños armenios. En su inauguración, el ministro de Cultura alemán, este 2 de mayo, dijo que “este museo quiere recordar para siempre la conducta ejemplar de Johannes Lepsius”. Por supuesto, los miembros de la comunidad turca en Alemania protestaron por la inauguración del museo y lo mismo hizo el embajador turco señalando que este hecho “promueve la desestabilización de las relaciones germano-turcas”. Como si a la verdad hubiera que callarla de acuerdo con las circunstancias políticas. Es que como dijeron los diarios alemanes: “El recuerdo del genocidio armenio en manos de los turcos es todavía un tabú para la sociedad turca”. Es así, todavía ningún gobierno turco ha tenido el coraje civil de reconocer, en una actitud autocrítica, ese inmenso crimen contra la humanidad.

Una muestra más de que finalmente la ética triunfa, se impone en la historia pese a todos los prejuicios.

Por eso es positivo registrar todos los hechos en esa dirección, aunque parezcan de significado menor. Por ejemplo, antes de partir de Buenos Aires, recibí la noticia de que en la comuna de Ituzaingó, el concejal Sebastián Sanguinetti había presentado un proyecto de poner el nombre de Juan Esteban a la calle donde actualmente se halla el edificio del supermercado La Anónima. Me sorprendió como si se tratara de una de las tantas fantasías que nos presenta la realidad en nuestras vidas. Me pareció muy valiente y racional el pedido. Juan Esteban fue el peoncito rural que en la estancia La Anita, en la lejana Patagonia, fue fusilado en 1921 por las tropas del 10 de Caballería mandadas en ese momento por el capitán Viñas Ibarra, durante la huelga de peones rurales. Su único delito era ése, haberse adherido a esa huelga luego de que se votara en una asamblea. Ese fusilamiento fue de una crueldad sin límites porque ya entonces no había pena de muerte en la Argentina y, además, la antigua pena de muerte limitaba esa forma de represión a mayores de 18 años. Tal había ocurrido en 1909 cuando el joven Simón Radowitzky fue condenado a muerte por haber dado muerte al coronel Falcón, pero no pudo ser cumplido el fallo porque el acusado no había cumplido todavía los 18 años. Por eso, el fusilamiento del adolescente Esteban fue el punto más feroz de esa campaña militar. Justamente fue fusilado en la estancia La Anita, de la familia Braun Menéndez, cuyos descendientes directos son hoy los propietarios de la empresa La Anónima. En esa estancia está la tumba masiva de peones fusilados más grande de toda esa campaña militar, llevada a cabo solamente para custodiar los bienes de los latifundistas patagónicos. Nos parece un acierto el dar ese nombre a esa calle, así nos hace recordar aquel episodio tan injusto que ha manchado para siempre nuestra historia.

Y, para terminar, pero siempre buscando una respuesta ante la falta de conciencia del ser humano con respecto a sus propios crímenes y culpas, leemos el informe acerca de los fieles que han renunciado a pertenecer a la Iglesia Católica en Alemania. Señala que, debido a los casos de pedofilia que se comprobaron y que fueron cometidos por los sacerdotes de esa Iglesia, la renuncia de fieles fue en 2010 un 40 por ciento mayor que el año anterior. En 2010 se alejaron 180.000 fieles, es decir 50.000 más que en 2009. En el arzobispado de Colonia, la región alemana más católica, el número de renuncias de fieles creció un 42 por ciento. Una tendencia que cada año es más elevada. Por eso ha comenzado la discusión interna en esa Iglesia para acabar con el voto de castidad de los curas y permitirles el casamiento, tal como exigió Lutero hace más de 400 años. Pero estudiosos del caso señalan que no es sólo por los casos de pedofilia que los fieles se alejan, sino por la falta de respuesta de ese dogma a los adelantos de la ciencia y de las relaciones conflictivas del ser humano, además de la falta de definición con respecto al tema de la riqueza y la pobreza.

Es que la lucha por la dignidad es algo que debe tomar en sus manos el ser humano y no esperarlo de algún dios, rezándole. Actuar, para lograr la realidad en el mundo de las dos palabras definitivas: paz y justicia.

Cuando se produjo el genocidio, Turquía era gobernada por un movimiento auto considerado como nacionalista, liberal y progresista, bajo una Constitución de corte occidental. El islam, que había protegido a los armenios (como a los judíos) durante muchos siglos, es transformado en el culpable. Realidad y manipulación del genocidio armenio


Realidad y manipulación del genocidio armenio.

Orientalistas como Bernard Lewis trataron de presentar el kemalismo como un avance hacia la democracia, frente a las instituciones otomanas, presentadas como el paradigma del “despotismo oriental”. Mustafá Kemal Ataturk, el “padre de los turcos”, fue presentado en occidente como un modernizador ejemplar, que luchó por occidentalizar un país que permanecía aferrado a una religión arcaica. Para una visión de este tipo, la destrucción brutal de las minorías constituye un contrasentido. 

Televisión Pública de Armenia ha destacado la labor VMPress y a su Director Arthur Ghukasian.


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LA TELEVISIÓN PÚBLICA ARMENIA RECONOCE LA LABOR DE VMPRESS EN LA DIFUSIÓN DEL GENOCIDIO DE 1915

Fuente : VMPress

Fue una de las grandes vergüenzas del siglo XX

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(Sacerdotes e intelectuales, las primeras víctimas)
VMPress.
El primer canal de la Televisión Pública de Armenia ha destacado la labor de VMPress en la difusión del genocidio armenio durante los dos últimos años, a través de la sección Armenia Press que coordina el periodista armenio Arthur Ghukasian.

La televisión armenia, a través del periodista Abraham Gasparyan, en su informativo principal, informó que “como otros años, el conocido medio español Vega Media Press ha puesto en su página artículos de intelectuales españoles comprometidos con la difusión del genocidio”, que aún no ha sido reconocido por el Estado Español.

Además, este año, el material de Armenia Press se ha completado con la colaboración de escritores de América Latina, como el argentino Mariano Saravia.

Igualmente ha valorado el reportaje dedicado al 24 de abril de 1915 del coordinador de APress, Arthur Ghukasian.

No es la primera vez que la televisión estatal hace referencia a este diario digital. Igualmente, numerosas páginas gestionadas por armenios de Europa y América han republicado los materiales de VMPress.

LA GRAN VERGÜENZA DEL SIGLO XX
El genocidio cometido contra los armenios por parte de los turcos del Imperio Otomano es una de las grandes vergüenzas del Siglo XX. A 94 años y ante la indiferencia de algunos y la negativa de Turquía de considerarlo como tal, todo un pueblo exige memoria y Justicia.

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(Éxodo del pueblo armenio)

Armenios y turcos convivieron dentro de los límites del imperio otomano durante 600 años. Los armenios, con su propia cultura, idioma, y con un fuerte movimiento católico propio contribuyeron al progreso económico cultural y político del imperio otomano. Pero cada vez más influenciados por las ideas iluministas europeas de fines de Siglo XIX, los armenios se enfrentaron con las autoridades turcas y comenzaron la militancia armada. Las rebeliones comenzaron a hacerse fuertes en varias ciudades y pueblos. Las ideas de libertad y revolución hicieron nacer al nacionalismo armenio.

En 1896 los armenios sufrieron el primer ataque del imperio. Más de 300.000 hombres, mujeres y niños de toda clase y edad fueron masacrados. Por entonces el imperio turco perdía cada vez más territorios y el descontento social era grande. Así comenzó a surgir un movimiento nacionalista: el Partido de los jóvenes Turcos que llegó al poder en 1908 bajo el aplauso de los turcos y hasta de los armenios que no sospechaban lo que vendría.

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Los armenios, la principal minoría dentro del imperio, exigían no ser tratados como ciudadanos de segunda. Solicitaban a las autoridades derechos, garantías, y un corte definitivo a las constantes violaciones a la propiedad privada y a los ataques sobre su población.

Pero los nuevos gobernantes temían que los armenios se independizaran y crearan una barrera geográfica dentro del mismo imperio. En 1909 el imperio masacró a otros 30.000 armenios, pero lo peor no había llegado. Los turcos tenían un plan secreto contra los armenios. Una solución definitiva al problema que pondrían en práctica cuando llegase la oportunidad. El comienzo de la Primera Guerra Mundial fue la excusa perfecta.

LA SOLUCIÓN FINAL
En la madrugada del 24 de abril de 1915 se desencadenó el genocidio, con el arresto de la elite armenia de Constantinopla; el proceso siguió en los días siguientes. En un mes, más de mil intelectuales fueron deportados en Anatolia y masacrados en la ruta, entre ellos diputados del parlamento. La nación perdió a su dirigencia.

El plan consistía en una gran masacre organizada, premeditada, y sistemáticamente ejecutada. Los turcos confiscaron las armas de la gran mayoría de la población armenia. Luego se deshicieron de los intelectuales, políticos, poetas y sacerdotes para evitar que el pueblo organizara una rápida defensa. 600 intelectuales fueron secuestrados y jamás se volvió a saber de ellos.

Nada estaba librado al azar. Con la excusa de la Gran Guerra enrolaron en el ejército turco a todos los hombres armenios de entre 15 y 45 años. A estos soldados sólo se los utilizó como mano de obra para construir trincheras que inmediatamente se transformaron en sus propias tumbas, cuando muchos de ellos fueron fusilados.

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Las órdenes infrahumanas las dio el ministro del interior Mehmet Tallat. Algunos soldados o generales turcos no podían creer lo que se les estaba pidiendo. Quienes se opusieron fueron fusilados.  El ministro fue muy claro: los armenios habían perdido el derecho a la vida dentro de los límites del Imperio Otomano, pero como no se podía malgastar municiones, necesarias para la guerra, se los debía matar a cuchillo, o ahogarlos en el río Eufrates, entre otros métodos abominables.

En los poblados y aldeas quedaron hombres enfermos, adolescentes, mujeres y ancianos. A ellos les tocó la otra parte del plan: la deportación. Se hizo creer a los armenios que serían reubicados en una zona de exclusión bélica, a salvo de la guerra. La excusa oficial era que los armenios representaban un peligro inminente de traición y ayuda al enemigo. Cientos de miles se movilizaron sin saber que estaban ante la peor catástrofe de su pueblo.

Los que fueron llevados al norte fueron ahogados en el mar negro, atados espalda con espalda. Los del centro fueron conducidos hasta el desierto, sin alimento ni agua. Muchos murieron de hambre y sed, otros fueron quemados.

El plan de exterminio del pueblo armenio era perfecto, pero las fuerzas rebeldes armenias conformadas por hombres y mujeres impidieron, al menos por varios meses, la invasión de los turcos en algunos pueblos y aldeas. Los que sobrevivieron al genocidio mantuvieron vivos los recuerdos del horror y los restos de su cultura.

PESADILLA SIN FIN
El Imperio Otomano finalmente perdió la guerra y sus restos fueron repartidos por los griegos, franceses, ingleses e italianos. Los armenios se repatriaban nuevamente hacia sus hogares sin sospechar que la resurección nacional turca continuaría el plan genocida.

genocidio_armenio_dos.jpgDespués de menos de un año de calma al final de la Primera Guerra Mundial, las atrocidades contra el pueblo armenio fueron reanudadas entre 1920 y 1923. Miles de ellos fueron víctimas de más masacres, persecuciones y expulsiones. Por entonces, la población de 2.000.000 de armenios se había reducido a 600.000 personas.

El mundo no hizo nada ante el genocidio armenio. Turquía nunca aceptó la denominación de genocidio porque dice que no existen documentos oficiales que hayan ordenado la matanza. Los armenios aseguran que la deportación fue el instrumento de aniquilación y que de ella fueron plenamente responsables los gobernantes turcos. Para la comunidad armenia murieron en el genocidio 1.500.000 personas. Para el gobierno turco fueron alrededor de 300.000.

Cualquier parecido con el Holocausto judío no es coincidencia: el 22 de agosto de 1939, 20 años después del genocidio armenio, Adolf Hitler declaró ante los altos mandos militares y los jefes de las SS: “Esta no será una guerra como las anteriores sino una eliminación sin piedad del enemigo: hombres, mujeres y niños. En definitiva, ¿quién se acuerda hoy de la destrucción de los armenios?”

No hay megáfono ni consignas, sólo una frase común: “este dolor es nuestro, es de todos”


Taksim Square, Istanbul

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TURQUÍA | Ocurrida en 1915

La sociedad civil turca se atreve a conmemorar la tragedia armenia

Imagen de la concentración. | I. T.Fuente :  logo elmundo.es

Ilya U. Topper | Estambul  Imagen de la concentración. | I. T.

Claveles rojos sobre el pavimento. Velas del mismo color y una bolsita con huevos pintados: hoy es la Pascua cristiana, aparte del Día del Genocidio Armenio. Desde luego, no se llama así en Turquía: aquí, la palabra genocidio es tabú. Pero por segunda vez —la primera fue el año pasado— una muchedumbre de ciudadanos turcos se ha congregado en la céntrica plaza Taksim de Estambul para conmemorar la tragedia de 1915.

Velas y flores. | I. T.Ampliar foto

Velas y flores. | I. T.

Al otro lado de un nutrido cordón policial, un grupúsculo con banderas rojas, fotos de Lenín y Atatürk y megáfonos potentes corea consignas contra el “imperialismo occidental” que utilizaría “la mentira armenia” para destruir la nación turca. Los gritos tapan a veces la tenue música de quienes se han sentado alrededor de los claveles. No hay megáfono ni consignas, sólo una frase común: “este dolor es nuestro, es de todos”. Un breve discurso denuncia “la deportación mortal, que claramente constituye un crimen contra la humanidad” de los armenios, realizada por el Imperio Otomano.

No usa el término ‘genocidio’, porque “es una palabra tabú y, además, un término jurídico concreto”, aclara Fatmagül Matur, miembro de la centrista organización Jóvenes Civiles, promotora del acto junto a un partido trotskista y una organización islámica.

“Nosotros no nos centramos en la definición estatal de la tragedia;queremos saber qué sienten los nietos de quienes fueron expulsados de sus tierras“. Personalmente, añade Matur, cree que el Estado debería disculparse con los descendientes armenios e incluso intentar restituirles sus casas, donde sea factible.

De momento, no parece que vaya a ocurrir: el embajador turco en Washington ha afeado al presidente estadounidense, Barack Obama, que conmemorara la ‘gran tragedia’, utilizando la expresión armenia “metz yeghern”. La influyente diáspora armenia norteamericana, por su parte, denunció que Obama incumpliera su promesa electoral de emplear la palabra genocidio con todas sus letras. No es algo simbólico: el siguiente paso será pedir reparaciones a Turquía, aclaró un diputado demócrata.

“Insistir en el término ‘genocidio’ bloquea el diálogo”, cree Matur. “Reconocerlo será tal vez el último paso del proceso, pero nosotros aún estamos en el primero”.

Lo mismo cree Rober Koptas, redactor jefe de la revista turco-armenia ‘Agos’. “Por razones pedagógicas no es útil hablar de ‘genocidio’ porque provoca reacciones airadas e impide un diálogo. Pero si la sociedad acepta afrontar su historia y debatirla, acabará usando el término. Este movimiento ya ha arrancado y crecerá: los turcos sienten el dolor armenio, quieren compartirlo, quieren redefinir la identidad turca y vivir sin este crimen a sus espaldas”.

A juzgar por las decenas de cámaras de televisión alrededor de los ramos de claveles, Turquía está tomando nota. Al otro lado de la policía, los de las banderas y los megáfonos se han quedado solos.

Ereván se esforzará por el reconocimiento internacional del Genocidio Armenio Tema de actualidad: Armenia y Turquía ponen fin de hostilidad


GRAND KREMLIN PALACE, MOSCOW. With President o...

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Serzh Sargsyan

Serzh Sargsyan

13:00 24/04/2011
Ereván, 24 de abril, RIA Novosti.

Armenia se esforzará por el reconocimiento del genocidio armenio por parte de organismos internacionales, así como por la prevención y penalización de los delitos de genocidio, afirmó el presidente del país caucásico, Serzh Sargsyan, en un mensaje con motivo del Día de la Conmemoración del Genocidio Armenio.

“Hoy 24 de abril, conmemoramos a las víctimas del Genocidio Armenio. Entre 1915 y 1923, se cometió un crimen contra el pueblo armenio, la humanidad y la civilización que en aquel momento no tenía nombre”, dice el mensaje.

Según el líder armenio, los nombres y definiciones posteriores, sean éticas, legales o políticas, son convencionales y reflejan sólo parcialmente la atrocidad cometida.

“Solamente los armenios conocemos el verdadero alcance y la gravedad de la tragedia, y cada armenio, dondequiera que esté, siente el devastador impacto del Gran Masacre sobre su propia vida tanto en plano ético y lingüístico, como en el político”, destaca el documento.

Por su parte, el primer ministro del país, Tigrán Sarkisyan, declaró que el genocidio armenio debe obtener la correspondiente calificación legal, política y ética, mientras que el presidente de la Asamblea Nacional, Ovik Abramyan, pidió a los parlamentos nacionales de todo el mundo reconocer y condenar el genocidio de armenio, griegos y asirios durante el Imperio Otomano.

Este 24 de abril, los armenios de todo el mundo conmemoran el 96 aniversario del Genocidio Armenio, el exterminio en 1915 de un millón y medio de armenios por el Imperio Otomano (actual Turquía).

El Genocidio Armenio ha sido reconocido oficialmente por muchos países. El primero de ellos fue Uruguay en 1965, posteriormente le siguieron Rusia, Francia, Italia, Alemania, Holanda, Bélgica, Polonia, Lituania, Eslovaquia, Suecia, Suiza, Grecia, Chipre, Líbano, Canadá, Venezuela, Argentina y 42 estados de EEUU, además del Vaticano, el Parlamento Europeo y el Consejo Mundial de Iglesias.

Por su parte, Turquía se niega a reconocer la autoría del primer genocidio del siglo XX y rechaza todas las críticas al respecto.

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La Comunidad Armenia de la Argentina condena enérgicamente las declaraciones de los representantes del Ministerio de Relaciones Exteriores de Turquía sobre la reciente sentencia del Juez FederalNorberto Oyarbide acerca el genocidio contra los armenios cometidoentre los años 1915 y 1923. Asimismo, rechazan las agraviantes manifestaciones acerca de las acciones de las instituciones democráticas argentinas que se realizaron en distintas oportunidades por representanes del Poder Ejecutivo de la República de Turquía.En un comunicado, la Comunidad Armenia de la Argentina manifiesta:“Como ciudadanos argentinos y descendientes de armenios y representantes de las instituciones de la comunidad manifestamos: Que el Estado turco carece de la moral necesaria para hacer cualquier juicio de valor sobre las decisiones de del Estado argentino y de susinstituciones, ya que desde hace 96 años niega sistemáticamente el asesinato de más de 1.500.000 de personas y la usurpación de sustierras”.Desde elaño 2007, el 24 de abril se conmemora el “Día de Acción por laTolerancia y el Respeto entre los Pueblos”, en homenaje al genocidio sufrido por el pueblo armenio, lo que motivó que desde la República de Turquía hubiera fuertes amenazas de ruptura de las relaciones diplomáticas con la República Argentina.

Repercusiones Internacionales

Con motivo del 96 aniversario del Genocidio de Armenios, Federico Gaitán Hairabedian (coquerellane junto a su abuelo Gregorio Hairabedian en el Juicio por el Derecho a la Verdad por el Genocidio de Armenios) ha sido invitado por el Consejo Armenio de los Estados Unidos -que nuclea a 34 organizaciones de la comunidad armenia norteamericana- para participar como orador principal en la Conmemoración Anual por el Genocidio Armenio que se celebrará en la ciudad de Los Angeles, Estados Unidos. También fue convocado para dar una conferencia en la Annual Meeting and Conference of the Armenian Bar Association -frente a los más importantes abogados, jueces, profesores y fiscales armenios de los Estados Unidos- que se realizará en la Corte Suprema de California. Estas invitaciones dan cuenta de la relevancia del Juicio por la Verdad sobre el Genocidio Armenio iniciado en la Argentina y del histórico fallo del doctor Norberto Oyarbide en dicho juicio.

Asimismo,desde Canadá y a través del invalorable apoyo del Instituto Zoryan se firmaron varios acuerdos con la Fundación Luisa Hairabedian,entre los que se destacan la publicacion de la sentencia del Juicio por la Verdad del Genocidio Armenio en inglés, español, turco yhebreo, junto con analisis de prestigiosos juristas de América Latina, Estados Unidos y Europa.

A tan sólo días de este aniversario, la Comunidad Armenia celebra la resolución histórica del doctor Oyarbide a la vez que manifiesta:“Existe en Turquía una enorme deuda interna en materia de Derechos Humanos y un desprecio xenófobo contra las minorías. Ankara, antes que descalificar a la Argentina, debería tomar ejemplo de un Estado que ha tenido la valentía de asumir la decisión política de revisar su historia, y de juzgar y castigar a quienes cometieron crímenes de lesa humanidad. Sin dudas la construcción de una sociedad más justa y democrática sólo es posible afrontando la verdad”.

Texto Completo

Comunicado de la Comunidad Armenia de la República Argentina

Enérgica condena a Turquía por su desprecio a una decisión de la Justicia argentina

La Comunidad Armenia de la Argentina condena enérgicamente las declaraciones de los representantes del Ministerio de Relaciones Exteriores de Turquía, sobre la reciente sentencia del Juez Federal Norberto Oyarbide acerca el genocidio contra los armenios cometido entre los años 1915 y 1923.

En reiteradas oportunidades desde sectores del Poder Ejecutivo de la República de Turquía se realizan declaraciones agraviantes sobre las acciones de las instituciones democráticas argentinas.

Desde hace años, las Cámaras de Diputados y de Senadores de la Nación han proclamado cada 24 de Abril su solidaridad hacia las víctimas y los descendientes del genocidio sufrido por el pueblo armenio; y ante cada una de estas expresiones, los distintos gobiernos turcos de turno han descalificado a los cuerpos colegiados nacionales.

Con respecto a la Ley Nacional 26.199 promulgada en el año 2007, que declara al 24 de Abril de todos los años como “Día de Acción por la Tolerancia y el Respeto entre los Pueblos”, en conmemoración del genocidio sufrido por el pueblo armenio, desde la República de Turquía hubo fuertes amenazas de ruptura de las relaciones diplomáticas con la República Argentina.

En el año 2010, tras una lamentable maniobra del Embajador turco en laArgentina, quien intentó mediante engaños emplazar el busto del Genocida Mustafá Kemal , el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires,ante las protestas de la ciudadanía y en particular de la Comunidad Armenia, resolvió rechazar dicho proyecto días antes del acto previsto. La reacción por parte de Turquía, fue el desplante del primer ministro Recep Tayyip Erdogan quien canceló su visita a la Argentina.

Recientemente, tras una sentencia ejemplar del Juzgado Federal a cargo del Dr.Norberto Oyarbide, donde se expresa que “El Estado turco ha cometido el delito de genocidio contra el Pueblo Armenio, en el período comprendido entre los años 1915 y 1923”, en el que fueron asesinadas un millón y medio de personas mediante una “estructurada planificación exterminadora”, vuelven a escucharse voces desde Turquía como la del canciller Ahmet Davutoglu, agraviantes para la sociedad y la comunidad Armenia de la Argentina.

Como ciudadanos argentinos y descendientes de armenios y representantes de las instituciones de la comunidad manifestamos: Que el Estado turco carece de la moral necesaria para hacer cualquier juicio de valor sobre las decisiones de del Estado argentino y de sus instituciones, ya que desde hace 96 años niega sistemáticamente el asesinato de más de 1.500.000 de personas y la usurpación de sus tierras.

Existe en Turquía una enorme deuda interna en materia de Derechos Humanos y un desprecio xenófobo contra las minorías. Ankara, antes que descalificar a la Argentina, debería tomar ejemplo de un Estado que ha tenido la valentía de asumir la decisión política de revisar su historia, y de juzgar y castigar a quienes cometieron crímenes de lesa humanidad. Sin dudas la construcción de una sociedad más justa y democrática sólo es posible afrontando la verdad.

El juicio por el derecho a la verdad sustanciado en el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal N° 5, a cargo del Doctor Norberto M. Oyarbide, lejos de ser impulsado por “miembros ultranacionalistas de la diáspora armenia que explotan el sistema judicial de los países donde son poderosos”, según una muletilla habitualmente utilizada por el Canciller Davutoglu, es la expresiónde la lucha de una comunidad unida contra la impunidad y la mentira. Estamos firmemente convencidos que una relación normal entre ambos pueblos sólo puede sostenerse a través de un diálogo cimentado en la verdad y la justicia.

A 96 AÑOS DE LA MAYOR TRAGEDIA EN LA HISTORIA DE UN PUEBLO El genocidio armenio, un drama que aún divide aguas en Turquía


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Instituido como el Día de Acción por la Tolerancia y el Respeto entre los Pueblos, se recuerda hoy el inicio de la deportación masiva de armenios de los territorios del Imperio Otomano durante la Primera Guerra Mundial.
Fuente : tiempo.argentino

Publicado el 24 de Abril de 2011

Por Lucas Farioli Barbieri

La diáspora armenia disgregada por el mundo en primer lugar, pero también la comunidad internacional, recuerdan hoy el inicio de la mayor tragedia en la vida de ese pueblo, el genocidio armenio. Y la Argentina no está ausente en esta fecha, como que desde 2006, el 24 de abril es el Día de Acción por la Tolerancia y el Respeto entre los Pueblos. Para recordar aquel día de 1915 en que comenzó una deportación masiva de armenios de territorio turco en lo que se considera el primer caso de “limpieza étnica” de la era contemporánea. Un trágico legado de la historia del Imperio Otomano de la que Turquía es hoy heredera y que sigue intoxicando las relaciones de dos vecinos cruciales en un enclave de alto valor estratégico.
La matanza de armenios en esa parte del mundo durante la Primera Guerra Mundial fue un hecho histórico y reconocido por las partes implicadas. Pero aún existen diferencias a la hora de establecer la naturaleza de los hechos, explicar sus causas, y encontrar puntos de consenso respecto al término “genocidio”, una denominación con la que una inmensa mayoría de los turcos está en profundo desacuerdo.
El 2 de abril pasado, el juez federal Norberto Oyarbide emitía en Buenos Aires un fallo en el que se declara explícitamente culpable al Estado turco por el crimen de genocidio. Lo que generó críticas en Turquía es que el magistrado no hace distinción en su dictamen entre el Estado Otomano (Osmanli Imparatorlugu) y la República de Turquía, o Estado turco (Türkiye Cumuhriyeti), fundada en 1923 por Mustafa Kemal Atatürk. Porque si bien interpretan como un paso positivo el hecho de que se aborde una de las problemáticas más complejas del Cáucaso, también sostienen que el intento del escribano Gregorio Hairabediran de aclarar el destino de sus familiares masacrados a manos de las tropas otomanas y de condenar la barbarie, en la práctica se vuelca en una mera manifestación sin consecuencias prácticas.
Aunque la resolución de la justicia argentina levantó ampollas en Ankara, se preservó la buena marcha de las relaciones bilaterales, reforzada tras la gira por Oriente Medio y Turquía que la presidenta Cristina Fernández realizó el pasado mes de enero. Algo que no le resta importancia al hecho de que la justicia argentina haya sido la primera en el mundo que bajo la aplicación del principio de justicia universal emita un dictamen que aborda de lleno la cuestión armenia.
Pero a 96 años del inicio de las matanzas, ¿cómo se vive este día tan particular en Turquía?
Ayse Seda, profesora de sociología en la Universidad Técnica de Estambul, representa una de las cada vez más numerosas voces críticas dentro de este país. Esta docente de 33 años afirma que en Turquía, “sacar a relucir el tema de las matanzas de armenios, y en especial llamarlo genocidio, es considerado como un insulto a la identidad nacional turca”.
“No tengo la autoridad para determinar si fue o no un genocidio, ya que se trata de un enunciado de naturaleza legal. Lo que está claro es que fue un crimen contra la humanidad. Forzar el exilio de más de 1 millón de personas y conducirlos hacia el desierto en la forma en la que se hizo es una decisión inaceptable e inhumana”, afirma Seda. “Turquía debería disculparse por lo que pasó en 1915. Parece que nos hubiéramos olvidado de que los propios otomanos en su momento intentaron juzgar a los criminales de guerra que ordenaron las deportaciones”, insiste.
Años atrás Seda vivió en la Argentina, donde además de aprender español y completar su tesis doctoral, aprovechó para ponerse en contacto con miembros de la diáspora.
“Simplemente sentí vergüenza… sus padres, su familia… obligados a abandonar sus casas, las ciudades donde vivieron durante generaciones. Sé que es difícil para ellos, pero es preciso que sepan que Turquía no es un país homogéneo. Cada vez somos más los turcos que nos identificamos con la causa armenia”, añade.
Al contrario que la élite intelectual turca, que condena abiertamente el genocidio, los miembros de la comunidad turco-armenia se muestran mucho más herméticos a la hora entrar en este debate.
Tras las iniciales S. Ö., se encuentra una joven turco-armenia de 26 años que accedió a hablar con Tiempo Argentino a cambio de que no se develara su identidad. Tiene miedo y afirma estar “harta de este tema”. Su familia, pese a contar con buenos contactos dentro de la Iglesia Ortodoxa-Gregoriana de Estambul, rehúsa hablar con cualquier periodista extranjero que venga haciendo demasiadas preguntas. No se fían de nadie a quien no conozcan a fondo.
“Vivir en un país musulmán como cristiano a veces puede resultar complicado, en especial cuando te encuentras en un ambiente donde semejantes temas políticos se discuten a menudo. Piensas como armenio, pero te fuerzan a actuar como turco”, asegura la joven. “El asesinato del periodista turco-armenio Hrant Dink (ver aparte) muestra claramente cuáles son los riesgos de posicionarse, sobre todo si eres parte de la minoría”, explica, a modo de disculpa por la evasiva.
Las iniciales M. P. esconden a otro receloso miembro de la comunidad turco-armenia. También es mujer, enseña inglés, está casada y tiene 31 años. Sólo responderá algunas escasas preguntas siempre y cuando su identidad quede a buen recaudo.
“No nos dejan construir iglesias, ni organizarnos, ni practicar nuestra fe. Somos discriminados cuando queremos buscar trabajo. Por ejemplo: no podemos desempeñar cargos en la policía, o en la justicia.”
Cuando la charla se hace más confidencial, la mujer dirá, irritada: “Claro que ese acto fue un genocidio. Mi familia tuvo mucha suerte porque en Estambul a los armenios no los masacraron tanto por miedo a represalias de las potencias occidentales. Pero mi abuela y otros miembros de mi familia contemplaron y sufrieron en primera persona las deportaciones en el este de Anatolia.”
Aunque la comunidad turco-armenia tiende a mostrarse particularmente aprensiva, los diplomáticos turcos se esfuerzan por mostrarle al mundo que el país es un ejemplo de convivencia inter-comunitario y que ellos están dispuestos a esclarecer lo sucedido. Un derecho a la defensa que aunque atienda a un lavado de imagen, sigue siendo legítimo.
En una entrevista en exclusiva con este diario, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores turco Selçuk Unal aseguró que “ya en el año 2005 el primer ministro trasladó a las autoridades armenias una propuesta formal para formar una comisión binacional de investigadores con el objetivo de aclarar los trágicos eventos”.
“A pesar de la oposición de la diáspora, varios protocolos para la implementación de una comisión investigadora fueron firmados entre los dos países en el año 2009. Esperamos que los trabajos de investigación comiencen tan pronto como los tratados sean ratificados por ambos países”, agregó.
Pero Unal evita referirse al hecho de que hasta el momento, la ratificación de esos protocolos se encuentra paralizada, probablemente debido a la cercanía de las elecciones turcas (previstas para mediados de junio) y el conflicto de Nagorno-Karabakh entre Armenia y Azerbaiyán, este último un aliado clave de Turquía.
“Armenia ocupa ilegalmente desde 1993 una parte sustancial del territorio azerí, con cuyo país compartimos nexos históricos, lingüísticos y culturales. El proceso para la normalización de las relaciones entre Turquía y Armenia debería verse reforzado por avances en la cuestión Nagorno-Karabakh”, señala el diplomático.
Unal aseguró luego que “Turquía no niega el sufrimiento de miles de armenios otomanos, aunque lo cierto es que aquella tragedia tuvo lugar en medio de un período de guerra en el que también sucumbieron millones de turcos”, dice.
“Enfrentar la historia y en concreto una guerra, es algo que no debe hacerse teniendo en cuenta sólo la versión de uno de los beligerantes. Los daños de los que perdieron la guerra son convenientemente ignorados. Quizás por una cuestión cultural o un punto ideológico ciego en la conciencia europea, lo cierto es que la mayoría de los historiadores occidentales detecta el sufrimiento de los cristianos, pero no de los musulmanes”, sostiene más adelante.
¿Cuál es la posición de las autoridades turcas ante el fallo de la justicia argentina?, preguntó Tiempo.
“Argentina puede estar orgullosa de su sistema de justicia para hacer frente a violaciones de los Derechos Humanos en el pasado, pero eso era sobre la búsqueda de la justicia nacional para una atrocidad nacional. Situarse a un lado en un debate en curso, histórico y legítimo, y pretender distribuir la justicia con respecto a acontecimientos que tuvieron lugar hace casi un siglo, en otro continente, es algo para lo que la justicia argentina ha demostrado no estar preparada, en especial teniendo en cuenta que esa es la diáspora armenia más influyente de toda América Latina”, fue la respuesta.
Casi un siglo después de las matanzas, armenios, turcos y argentinos se ven envueltos en una cuestión ardua, explosiva y que sigue levantando pasiones. La polémica está servida, y sigue siendo un plato muy caliente en un contexto geopolítico especialmente volátil.  <