Erdogan: estirpe de hordas salvajes de Asia Central


Raymond Berberian‎ en Ruben Demirjian

MIENTRAS TANTO, “asdvatz menz-e…”
El turco de Erdogan con sus aspiraciones de querer figurar como de pura estirpe de Sultán, procedente de las hordas salvajes de Asia Central, intentó eliminar de Kessab y Alepo, Siria a los armenios y asirios; en su gran mayoría sobrevivientes del Genocidio perpetrado durante los años 1915 al 1923, por el Estado turco, bajo la vigilancia de oficiales alemanes y, comandados por unos ministros (deunme). Luego, Erdogan giró su innata ponzoña contra los kurdos, sus antiguos aliados, persiguiéndolos en su país y más allá de las fronteras de Siria e Iraq con su aviación y sus tanques, sin que nadie le parara el carro: digo más: sin que nadie lo notara.
Contando con el beneplácito de OTAN de DARTAGÑAN, se hermanó con los ISIS del Califato por el petróleo de Iraq.
Ese energúmeno, al igual que su jefe inspirador Mustafa Kemal, alias Ataturc, héroe nacional de Turquía, otro (deunme), quiso concluir con la tarea de sus antecesores; borrar del mapa a los armenios, asirios, caldeos y demás minorías cristianas de sus raíces ancestrales.
Aquél entonces los kurdos eran aliados de los turcos, en gran parte encargados de las masacres de los (gavour): infieles. (La palabra infiel se la atribuían a los cristianos). Con ello la desaparición de mi familia materna Mendilgian de Diarbekyr, la histórica Dikranaguerte, hoy territorio usurpado por Turquía.
¿Hipocresía de bolsillo? ¡Qué va…! EEUU, padre moral y material de los Daesh, junto con los de Arabia sionista y Qatar, acaba de solicitarle al Erdogan que le prestara su valiosa colaboración para que juntos acabaran con el califato, nada menos que a Erdogan, el más turco de los turcos, pedirle que traicione a sus hermanos del ISIS, quienes generosamente les fueran suministrando el petróleo de Iraq… ¿Se dan cuenta…? Precisamente, ahora que en Mosul, los ISIS han incendiado los pozos de petróleo…
La respuesta de Erdogan fue afirmativa, pero con una sola condición: que pudiese cumplir con su talón de Aquiles: acabar de aniquilar a los kurdos, al igual que a los armenios y asirios.
Llegué a ese relato rastreando el cuento de la Tierra Prometida. Israel al igual que su pariente lejano Erdogan, tiene sangre en el ojo contra los palestinos. Sus cárceles se encuentran abarrotadas de mujeres y niños “palestinos” recogidos al voleo, puestos a merced de sus carnicerías preventivas y laboratorios de órganos; por si acaso… contando con la inoperancia de los DDHH que siguen disfrutando de sus eternas vacaciones, mirando para otro costado.
Acabo de enterarnos lo de Ahmed, un niño palestino de doce años, condenado a doce años de cárcel por la sospecha de haber querido herir a un colono invasor con un cortaplumas.
Yo, de juicios y de juzgados entiendo poco y nada; tengo una muy leve idea de que se necesitan dos testigos, neutrales. Ahora… digo yo; la supuesta Tierra Prometida, con la que durante siglos nos la estuvieron machacando… ¡Claro…! De eso no se habla, porque lo escribas de las elites en su Talmud, y, porque el mundo se calla, el libro (consagrado como sagrado) sigue teniendo la palabra y lo que está escrito es ley ¿verdad? ¡Gente buena; humanitaria, reconocida por su gran espíritu solidario, comercial…! Como muestra, tenemos a sus gobernantes…
Y aquí como recreo, les cuento un cuento: Muchos lo deben saber, pero me imagino que otros, lo ignoran. Resulta que había un vagabundo en una comarca que hacía alarde de poder hacer hablar a un burro. La noticia no tardó de llegar a los oídos del Rey quien lo mandó llamar y le ofreció seis meses de goce de su palacio, incluido su propio harén, si lograra, según decía, hacer hablar a un burro; pero, al culminar los seis meses no habiendo resultado, lo mandaría a matar por mentiroso y estafador a la moral del pueblo.
Cuando el hombre reapareció en su rincón de siempre, sus compañeros se abalanzaron sobre él para preguntarle si lo suyo era factible. Y él les respondió: “Seis meses de goces y buena vida en palacio, rodeado de hermosas niñas, es mucho más de lo que podría valer mi vida. Además, mientras tanto, podría morir el Rey o el burro”.
Y aquí donde quería hacer hincapié: “Podría morir el Rey o el burro”.
Todo esto encaja perfectamente con el turco Erdogan, lo mismo que con los del califato (deunme) y demás energúmenos mercaderes de aguas sucias: “Podría morir el Rey o el burro”.
Los armenios tienen una frase que los consagra como personas piadosas y esperanzadas: ¡Asdvatz Menz-e! (¡Dios es grande!)
Y aquí te dejo para que vayas deshilvanar el ovillo…
Respetuosamente Raymond raymond_berberian14@yahoo.com.ar

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