El turco es turco aunque vista de seda y luzca toda la fortuna sustraída a los pueblos originarios de Asia Menor.


Raymond Berberian‎ en Ruben Demirjian

EL TUNEL DEL TIEMPO
Quisiera aclarar, con todo respeto, que el origen no es la nacionalidad, tampoco el lugar de nacimiento. Nacer es un accidente como haber nacido en París, Barcelona, Buenos Aires o abordo de un carguero de refugiados errando por el Mediterráneo.
Para los pueblos italianos, alemanes, españoles, chinos o japoneses, radicados o nacidos fuera de sus países de origen, son italianos, alemanes, japoneses o chinos, pese que en algunos casos y bajo cierta presión, unos han tenido que modificar sus apellidos, el caso de los armenios en Turquía, por ejemplo, que han sido obligados a adoptar apellidos turcos con tal de sobrevivir bajo el yugo del invasor y tener que manejarse obligados con el idioma del enemigo poniendo en remojo hasta nuevo aviso su expresión ancestral. En la ciudad de Marash, y demás ciudades del antiguo reino de “Guiliquia” Cilicia, Armenia; por ejemplo, las autoridades turcas les cortaban la lengua a aquellos que hablaban armenio. Similares casos ocurrió y ocurre en todos los países dominados por el colonialismo, pese a que muchas de esas naciones, aun sometidas, sus pueblos mantienen en alto su identidad, sus ideales y su verdad nacional.


En el Continente Nuevo, conocido por América y, su influencia extrajera, ocurre algo similar, aunque bastante bien disimulado; la conciencia y la dignidad, discretamente ocultas, siguen latentes, la prueba la tenemos en Bolivia.
El turco es turco aunque vista de seda y luzca toda la fortuna sustraída a los pueblos originarios de Asia Menor. Los pueblos naturales de la Argentina y todos los demás amerindios, “simulan” no reconocer su origen y para mí, lo hacen adrede por hallarse en un punto neutro donde su origen comienza a despertarse de su largo y prolongado letargo de siglos y de su disfraz europeo. Es cierto que uno es lo que quiere ser, pero la verdad es otra.
Yo nací en París un catorce de Sagitario de padres refugiados armenios. Soy desde ya francés por nacimiento, esa es mi “nacionalidad” a la que comparto y defiendo sin marginar mis raíces. Mis orígenes provienen del territorio milenario armenio ocupado por Turquía. Mi patria, propiamente dicho, se encuentra bajo el yugo del Estado turco y yo como los millones de mis hermanos, pertenecemos a una Armenia en el exilio. El africano que vive en París, que también pudo haber nacido en Francia, es de nacionalidad francesa, pero de origen africano y eso no se lo puede quitar nadie.
Los pueblos originarios, sea de Argentina como del resto del Continente amerindio perteneciente a diversas tribus con distintas denominaciones, poseen el mismo origen y sus raíces es esta tierra, o sea: su Patria. Saben que tarde o temprano han de despertarse de sus cenizas y que harán justicia con sus propias manos con aquellos que los han despreciado, discriminado, marginado y tildado despectivamente de “indio”. Ellos no fueron a robarles el pan y la tierra a nadie, no contagiaron de peste a nadie; eran los civilizados en todo sentido, comparados con los intrusos y depravados colonialistas europeos de entonces.
En qué mente cabe que tiempos idos, antes de que fueran expulsados los jesuitas en 1767 de Misiones (Provincia Argentina), queriendo agraciarse con el Papa de Roma les llevaron unos niños guaraní; siendo uno de los pueblos más culto y sensible de los aborígenes; se los presentaron como: “Los animales que cantan” Y no vayamos muy lejos, los belgas: los archí civilizados de Europa, tenían su zoológico humano con familias africanas cercadas y bajo chozas, como si fueran animales.
Quinientos años de sometimiento moral no es comparable con los 11 mil años de pertenencia en este bendito suelo. Seis mil quinientos años de reinado, cultura y antigüedad del pueblo armenio no es comparable con los quinientos o algo más del salvajismo turco otomano que desciende de las hordas mongoloides de Asia Central.
Quisiera también aclarar que existe gran diferencia entre “Conquistar” con invadir y usurpar. Se conquista el Everest o el Aconcagua, se trata de montañas, se las escala a título de competencia y si se quiere, por deporte. No se conquista un territorio habitado según las novelas televisivas turcas y sus sultanatos depravados que masacraban, violaban y aniquilaban pueblos cristianos, así como los invasores europeos apoderándose del Continente Nuevo, robando, aniquilando a sus pobladores; los jázaros en Palestina, los norteamericanos y sus secuaces en Irak, Siria y Arabia, con su Divina Meca, y el oro negro apuntando contra su indefensa vecina Yemen…
La palabra conquistador usada por los europeos en el Nuevo Continente y los turcos mongoloides en Asia Central lleva implícita el sinónimo “asesinos”. Los colonialistas nunca invadieron tierra alguna en bien de sus propios habitantes. Las esmeraldas colombianas, las toneladas de oro y plata fundidos que fuera embarcado a España, la fortuna natural de los pueblos africanos… Usted cree que el Reino Unido de su Majestad la Corona “Pirata” y su usurpación de las islas Malvinas Argentinas, extrayendo su petróleo y desvalijando la fauna marina es para aportar algún beneficio a los dueños de casa… ¿Qué pasó con Haití, ex colonia francesa? Decir que Argentina posee recursos naturales y pueblos originarios poderosos, por más que la tratan de hundir, son quienes la hacen reflotar; caso contrario, sería otra, arrojada al tacho de los desperdicios.
raymond_berberian14@yahoo.com.ar
4582 8652

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