Corría el Año 1943 en Jaffa,”yafa” Palestina.


Raymond Berberian 

Corría el Año 1943 en Jaffa,”yafa” Palestina.
La familia aristócrata practicaba el “golf”, era sin duda el grito de la actualidad, un signo de jerarquía y de alta burguesía. Y la moda lo era todo, además, digna de ser imitada. Zapatos “golf”, medias de lana “golf”, pantalón ancho ceñido en las pantorrillas “golf”, salsa “golf”…, cinturón y tiradores “golf”, saco “sport”… “golf”. Así, me había presentado en la sala de recepciones, dormitorio comedor, frente a los invitados.
Mi padre al verme llegar, abrió los ojos más no poder, se estiró con deleite contra el respaldo de su sillón de caña y quedó observándome un rato largo antes de pronunciarse.
-: ¡Estás muy elegante, hijo! Exclamó. Ellos son tus tíos- dijo- (señalando a una extraña pareja de vestimenta estrafalaria, sentada con las piernas cruzadas. No hacían más que sonreír y mirarme como si yo fuese un motivo de risa). Han venido desde América de los dólares y quieren conocerte –agregó mi padre- ¡Salúdalos Charles! ¿Quieres?
Sin dejar de sonreír, el hombre, luciendo una dentadura (de Oro), intentó impresionarme; tiró de una gruesa cadena (de Oro) que le sobresalía del pantalón y miró la hora, en un reloj (de Oro). Extrajo del bolsillo interior de su saco una cigarrera (de Oro), eligió un cigarrillo, lo olió, lo acarició, le aplastó la punta y lo introdujo en una boquilla (de Oro), activó un lujoso encendedor (de Oro), aspiró lenta y profundamente una bocanada y me largó en la cara dos anillitos (de Humo). Toda una cátedra con estilo Yanqui.
-: ¡Vamos Charles, háblales en inglés! Lo aprendiste en el colegio ¿o no? –insistió mi padre.
Papá solía dirigirse a mí en presencia de sus amistades en armenio, en árabe y también en francés, para demostrar mi singular grado de cultura.
-: Please talk with us, dear Charles. I’m Rose- pronunció la mujer observándome de pies a cabeza; quien, al igual que el fulano, en ningún momento borró su neoyorquina sonrisa de la boca. La misma, pese a su goma de mascar, lucía además ocho dedos ensortijados, dos enormes pulseras (de Oro) y un colgante (de Oro), con un diamante… como para que no pase desaparecido su estatus (de Oro).
No pudiendo negarme, comencé mi alocución, diciendo:
-: “I am Charles… Welcome to… our… country… and… and happy birthday to you… dear aunt Rose… and…you… man. Thank you … and so long… Ladies and gentlemens… merci, shnor hagalem, chukran”.
Culminé mi notable “bienvenida” exhibiendo mis dos colmillos caninos.
Está demás decir que mi padre se puso a lloriquear de emoción.
Estuve a punto de preguntarles qué entendían ellos de “Paz”, siendo ciudadanos dilectos del dólar, mas preferí callarme. De todos modos –me dije- no me lo sabrían explicar, porque el Oro es una suerte de ebriedad que adormece la conciencia, altera la autenticidad y procura una realidad de autoengaño.
Raymond raymond_berberian14@yahoo.com.ar 

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