Después de los bizantinos, persas,árabes, mongoles y tártaros; cayeron como langostas barridas por una escoba los mongoloides turcos otomanos y establecieron su salvajismo en Asia Menor. 


Raymond Berberian 

… El Amor y el Odio son cara y cruz de una misma moneda…
EL REINO DEL TERROR
Desde el día de su invasión al territorio armenio de los Hamshen en el siglo X1V, Turquía trató de falsificar la historia de los armenios. Los Hamshen, fueron una de las comunidades armenias establecidas en las inmediaciones del Mar Negro, allá por Trebizonda. Fueron conducidas por dos Príncipes armenios Haman y Shapur Amatouni. “Shen” significaba lugar de residencia. “Ham-shen”: lugar de residencias de los seguidores del Príncipe “Ham-an”. Lo mismo Arta/shen, Nou/shen y She/nok.
Con los regimientos “jenizares” los más salvajes y criminales de todas las épocas, compuestos por extranjeros cedidos como tributo por las conquistas otomanas. Porque la conquista en aquellos tiempos significaba recaudar oro, caballos y jóvenes que eran entregados contra la voluntad de sus padres para ser entrenados a matar. Los “jenizares” fueron quienes presionaban bajo amenaza de muerte a los armenios a islamizarse. Aquellos que optaban por convertirse, lo hacían evitando pagar tributos, impuestos leoninos y dejaban de ser perseguidos. Los que se negaban eran simplemente asesinados a golpes de machetes, característica de esos carniceros. La idea de los turcos era borrar todo vestigio histórico de origen armenio en el suelo usurpado por ellos y de paso, la cristiandad. Así también fueron eliminados caldeos, asirios, siríacos, griegos y libaneses.
A lo largo de sus seiscientos años de brutal ocupación, Turquía llegó a controlar las minorías que habitaban nuestra Armenia Histórica; una Armenia que se extendía sobre tres mares, poseía tres lagos “Van”, hoy usurpado por Turquía; “Ourmía”, en poder de Irán y el lago “Sevan” que quedó en lo que es hoy muestra Armenia, décima parte de lo que fue. Fuera de sus fronteras, asoma el Ararat, la eterna y majestuosa montaña sacra, eterno emblema de la armenidad.
Después de los bizantinos, la presencia de los persas, de los árabes, mongoles y tártaros; cayeron como langostas barridas por una escoba los mongoloides turcos otomanos y establecieron su salvajismo en Asia Menor.

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Expulsados por los Reyes Católicos de España, aparecieron por Salónica y Constantinopla los “sefardíes”. Con tal de agraciarse con los Sultanes de turno y su imperio no tuvieron ningún reparo en convertirse al Islam; traían un plan bajo la manga: su venganza de los cristianos, aunque fuera en el fin del mundo. Su simpatía por los turcos por supuesto no era gratis, pretendían comprarle Palestina que se encontraba bajo su mando. Pero, Turquía se la negó. Entonces dirigieron su ponzoña contra los cristianos, principalmente contra los armenios que ya acaparaban el comercio, la industria, los bancos y la cultura; eran quienes movían la economía del país.

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…No sé por qué razón se me cruza aquello de la antigua serpiente de la Biblia enroscada del árbol de la sabiduría que sedujo a Eva hablando maravillas de la fruta prohibida como para que se la ofreciera a Adán…
La intervención sediciosa de ideologías maquiavélicas llegó a convencer a los turcos de que los armenios representaban un peligro latente, un tumor maligno para la Nación y que en cualquier momento volverían a recuperar su país.
Todo coincidió con La Primer Guerra Mundial y el descontrol reinante. Fueron aniquilados los armenios y los recién llegados tomaron su lugar. Ya eran los dueños de los bancos, de las industrias, de la usura y del comercio. Turquía estaba en pleno apogeo y en la gloria; tenía palacios construidos por armenios, Santa Sofía como tantas otras iglesias habían sido convertidas en mezquitas y el país se sentía sólido, más sólido aún con la fortuna de los armenios en las arcas de Turquía y las más lindas mujeres armenias confiscadas en los harenes y en los prostíbulos. Una vez más, Turquía con su afán de limpieza étnica se había sacado del terreno a un millón y medio de ciudadanos turcos de origen armenio, cometiendo el genocidio más atroz y despiadado de la historia humana, uno de tantos que no se archivaron en la cuenta de la lesa humanidad turca otomana y que, aún pese a las innegables evidencias es negado por el Estado turco y sus aliados.
…Jesús podrá volver a nacer a cada instante en nosotros, si es que en nuestros corazones existe un pesebre disponible…
Raymond raymond_berberian14@yahoo.com.ar

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