Me preguntaron en un reportaje televisivo, por qué había venido a la Argentina y recuerdo haber contestado: “Vine en busca del Paraíso”


Raymond Berberian

SOPLABAN OTROS VIENTOS
Cuando alguien se derrama en sentimientos y se enamora, sea de un ser humano, de una planta o de un país, suele producirse un lazo que cuesta quebrar.
Me preguntaron en un reportaje televisivo, por qué había venido a la Argentina y recuerdo haber contestado: “Vine en busca del Paraíso” No me imaginaba que el “Paraíso” en cuestión, pudiera tener callos. Aún así, traté de seguir remando mi futuro tras la ilusión de habérmelo encontrado.
Argentina es un país precioso, sin duda alguna; fácil de amar y de enamorarse; lo mismo su gente. Es accesible y afectuosa con el extranjero. No puedo comprender que el país de la abundancia y de enormes recursos naturales tenga dificultades con mantener en alto sus bien merecidos laureles. Un argentino que ama su tierra, honestamente, no trasladaría su fortuna, mejor dicho: el fruto de su trabajo, en secreto, al exterior. Eso es desconfiar en sus propios valores patrios y para mí, sin duda alguna, es traición a la patria, con más razón si encuadrara dentro de la ilegalidad.

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No nos engañemos, el patriotismo no es el futbol; no es pintarse el rostro con los colores de la propia bandera, mucho menos colocarse un emblema en la solapa. Que yo sepa, llevar una cruz colgando del cuello no le hace cristiano a nadie. Es la dignidad, es entender que cualquier argentino al obrar con decencia, honra y representa a su nación; es un embajador sin cartera y su imagen es juzgada y catalogada por los cuatro costados de los qué dirán.
Una nación que debiera ocuparse de brindar bienestar, prosperidad, salud, paz, trabajo digno, educación y cultura a su pueblo; proteger como reliquias a sus pueblos originarios, esta siendo avasallada por la corrupción. Son muchos más de lo que se podría imaginar los sin techos durmiendo en las veredas de la lujosa urbe argentina.

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A la Argentina le faltaría extender sus brazos, sembrar caminos, vías férreas, luz eléctrica, carreteras asfaltadas, agua potable, cloacas, hospitales, escuelas y facultades con profesores especializados y bien remunerados en cada rincón de la República: esto sería hacer patria. La soberanía no acaba con las Islas Malvinas, estas son apenas el talón de Aquiles.
Incalculables latifundios que pertenecen a los pueblos originarios amerindios, fueron rematados por centavos a los buitres del Norte. Y tú lo sabes… Hasta se les ha permitido cercar, tener guardias armadas e implantar su bandera. Lo triste es, que aún se siguen ofertando en las grandes pizarras.
A mí me duele, porque desde que me radiqué en este bendito suelo y de eso hace mucho, tengo la impresión de que todavía nadie acertó poner en funcionamiento todo el poderío de ese país. Argentina ha sido contaminada de una grave e innegable enfermedad social, más allá de la ambición innata de ciertos dirigentes, pertenecientes al Partido “Bolsillista”, que en vez de ocuparse de lo nacional, se van a lo personal; agravado, por el exceso de tolerancia y confianza con algunos allegados de los países limítrofes. Me refiero a la delincuencia y la droga infiltrada que encontró tierra fértil para sus mercados, haciéndose patria en patria ajena.
Lamentablemente Argentina ya no representa el Paraíso de las mil y una noches que vine a buscar, es la pesadilla, la inseguridad, es el asalto a mano armada, la delincuencia amoral en pleno, incluso entre los supuestos guardianes del orden. Y me pregunto: un agente de policía “corrupto”, expulsado de la institución, ¿de qué se ocuparía…? Un “violador” liberado por los jueces, ¿a qué se dedicaría? Puedes sacar tus propias conclusiones.
Yo he sido asaltado tres veces y tengo suerte de poder contarlo. No creo que exista alguien que en esos últimos años no haya sufrido un robo, una extorción, un asalto. Y decir que vine en busca del Paraíso… En verdad no lo lamento por mí, sino por mis hermanos: argentinos. Puedo compartir su inquietud y su dolor. No por mí- repito- porque pese a todo amo ese país y me acostumbré a tolerar sus trapos sucios y también disfrutar el aleteo de sus palomas blancas. Entiendo que aún así, sigue siendo uno de los países donde todavía se respira una relativa paz. Argentina sigue siendo una bendición para cualquier errante como yo. Tan sólo temo… tan sólo temo –repito- que a la hora de mi partida… no vaya defraudado.
Respetuosamente. Raymond raymond_berberian14@yahoo.com.ar

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