DAIA y AMIA, la banalización del Holocausto


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Uno no limita su solidaridad ante el genocidio solo al pueblo judío sino que la extiende a todas las víctimas de genocidios o exterminios planificados: armenios, palestinos, sirios, etc. Y si eso implica criticar al gobierno del estado de Israel, se lo criticará.

Por PEPE PARROT | 4 de agosto de 2016

La reacción (de manual) de la DAIA o de la AMIA ante cualquier crítica es: son antisemitas, tienen judeofobia, nos quieren exterminar como los nazis, etc. Bueno, no ha lugar. Esa chicana quizás funcione con tipos desprevenidos que encima tienen en el fondo la tendencia al pogrom pero lo disimulan detrás de una sonrisa bien educada.

Como el que suscribe se encuentra en las antípodas de esa postura, y además no es antisemita, ni judeofóbico ni nada por el estilo y tampoco recurre al argumento eichmaniano de “tengo un amigo judío” para disculparse por las críticas, me voy a permitir esgrimir un par de argumentos en torno a la victimización permanente de la DAIA y de la AMIA para evitar cualquier cuestionamiento.

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Es necesario aclarar que la DAIA y la AMIA más allá de ser instituciones judías son instituciones. Y las instituciones proceden del orden político. No es que Dios puso el dedo en la calle Pasteur y dijo: “-Che, acá levanten una mutual para el pueblo judío”.

Fueron los sujetos de la comunidad judía los que fundaron las dos instituciones, AMIA y DAIA. Como instituciones asumen una posición que es siempre de orden político (a veces partidario, a veces no, pero siempre político). Y como instituciones de orden político pueden ser analizadas y criticadas. Postularse como representantes de la comunidad judía argentina no las exime de ese necesario escrutinio.

La DAIA y la AMIA se amparan en el genocidio que sufrió el pueblo judío (no sólo a manos de los alemanes del tercer reich, la cosa había comenzado antes, digo ésto porque a la DAIA y a la AMIA a veces les falla la memoria y prefieren focalizarse en un período de la historia que no las comprometa en el futuro). El genocidio, como todos los genocidios, fue un espantoso crimen de lesa humanidad. No hay discusión sobre ese punto. Y a nadie que tenga un gramo de humanidad lo puede dejar indiferente.

O sea, nos solidarizamos siempre con el pueblo judío por el Holocausto.
Pero eso no implica una absolución ad infinitum de las instituciones del pueblo judío que expresan su apoyo irrestricto al gobierno de la Alianza Cambiemos y su política neoliberal.
Tampoco implica que, a caballo de la justa indignación que despierta el genocidio judío, debamos disculpar el genocidio sistemático emprendido por el gobierno de Israel (que no es todo el pueblo de Israel) contra, entre otros, el pueblo palestino.

Mucho menos condonar las acciones del gobierno de Israel, por ejemplo, cuando apoyaba a genocidas en latinoamérica, incluso a la dictadura de Videla, Massera, Agosti y todos sus cómplices civiles. Cabe recordar que mientras Israel le vendía armas a los genocidas del ´76, esos mismos genocidas hacían desaparecer judíos en las mazmorras de la dictadura. Cosa que a la AMIA y a la DAIA les interesó muy poco.

En resumen: no acepto que para evitar cualquier cuestionamiento la AMIA y la DAIA esgriman la carta del Holocausto. Hemos puesto a las víctimas de ese horror en el lugar que corresponde y haremos lo mismo con la DAIA y la AMIA. La sola condición de instituciones judías no les otorga impunidad ni inmunidad a las críticas que se les hagan por lo que hicieron, hacen y harán.

Y que uno las critique no significa que esté alentando el exterminio de judíos, ni la desaparición del estado de Israel, ni cosa por el estilo. Uno no limita su solidaridad ante el genocidio solo al pueblo judío sino que la extiende a todas las víctimas de genocidios o exterminios planificados: armenios, palestinos, sirios, etc. Y si eso implica criticar al gobierno del estado de Israel, se lo criticará.

Usar el Holocausto como escudo una y otra vez no hace otra cosa que banalizarlo. Convertirlo en un lugar común cuya gravedad se disuelve en tanto las dos instituciones recurren a él para huir de sus responsabilidades.
Calculo que el punto quedó claro.

Por si las moscas, hay una entidad de reciente creación, que también reune judíos (y varios más que no lo son, por ejemplo, yo) cuyo nombre es “Llamamiento Argentino Judío”. Los judíos y los no judíos que parciticipamos en él no compartimos en absoluto las opiniones de la DAIA y de la AMIA. Porque, vaya novedad, hay judíos de derecha y de izquierda (y de otras posiciones políticas, por supuesto) y que la dirigencia judía de la AMIA y de la DAIA esté conformada por halcones de la derecha argentina que actúan bajo la advocación de la embajada de EE.UU. y le arrimen cuadros al PRO no implica que todos los judíos argentinos estén de acuerdo.
Doy fe.

DAIA y AMIA, la banalización del Holocausto

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