“El kirchnerismo es el duelo, la elaboración histórica del peronismo”


Tiempo Argentino

Un pensador que produjo un proyecto intelectual propio que articula con profundidad el psicoanálisis con la teoría política y de la cultura y que lo convirtió en un referente. Asegura, además que “los proyectos populistas asumen el riesgo de estar y participar en el Estado, situación que otras corrientes de izquierda sólo plantean testimonialmente”.

Nora Merlin Y Joaquín Marquez 31 de Agosto de 2015 | 12:00

Jorge Alemán es un pensador fundamental en la Argentina y en todos los países de habla hispana. Obligado a abandonar el país en la época oscura de Argentina, supo producir, en el vacío que impone el exilio, un proyecto intelectual propio. Sus aportes teóricos, desarrollados con un estilo original que combina audacia y rigurosa argumentación, lo convirtieron en un referente fundamental del campo psicoanalítico, de la teoría política y la cultura.
Por sus libros desfilan los nombres de diversos pensadores: Freud, Lacan, Hegel, Heidegger, Marx, Arendt, Badiou, Bataille, Foucault, Deleuze, Derrida, Agamben, Laclau, Vattimo, etcétera. Si bien otros autores también han vinculado la política con el psicoanálisis, Jorge Alemán llevó esta relación a una articulación radical, obteniendo de ella las máximas consecuencias. Esta articulación se convirtió en una herramienta altamente potente, que plantea un nuevo paradigma en el debate de la cultura, la política y el psicoanálisis.
Luego de dos intensas y vertiginosas semanas en Argentina, con una agenda cargada de conferencias y reuniones de trabajo, Jorge Alemán, mientras preparaba su regreso a Madrid, dedica un tiempo al tema de los “desafíos del populismo para el próximo lustro”.
-Actualmente, en Argentina (y en otros países latinoamericanos, como también en España) se habla del retorno o de la vuelta de la política. Teniendo en cuenta que en tus textos establecés una distinción entre la política y lo político, ¿cómo concebís esa afirmación?
-Establecer la distinción entre “lo político” y “la política” ha sido una clave muy transitada por teóricos determinantes en el pensamiento político. He intentado darle un acento personal al asunto, muy ligado a lo que trabajo desde hace años. Sostengo que “la política” es aquello que se ha estabilizado institucionalmente y sedimentado en sus procedimientos distintas inercias históricas, que proceden de los múltiples dispositivos de poder. “Lo político”, en cambio, es raro, contingente y surge en relación a hechos instituyentes; siempre es lo nuevo. “Lo político” es un acto de “soledad común” tal como lo propongo porque no se lo puede atribuir ni a individuos ni a grupos. Más bien es un tipo de lógica donde la singularidad irreductible de cada uno se encuentra con otros en una acción colectiva. “Lo político” es la constitución del sujeto en la lengua, que exige ser diferenciada de la producción política de las subjetividades promovidas por el capital.
-También te interesa diferenciar el poder de la hegemonía del poder del capital. ¿Por qué te parece que es importante distinguirlos?
-En línea con lo anterior, es importante distinguir “la política del poder”, de la construcción de “lo político hegemónico”. Acá se juega una diferencia crucial: entre, por un lado, “lo político”, en tanto acto instituyente, imprevisible y contingente, imposible de ser calculado o producido por ninguna astucia política de expertos y asesores y, por otro lado, las instituciones políticas que terminarán alojándolo. En definitiva, “la política” es el olvido de “lo político”, definido como emergencia de una posibilidad instituyente nueva y transformadora. “La política” no sólo aloja “lo político” sino que también lo intenta asfixiar en su razón inerte. Pero, a su vez, no se puede elegir por una cosa o la otra, se debe saber habitar esa tensión irreductible.
-En varios de tus textos describís al “sujeto neoliberal”, pero advertís que es necesario no confundir la lógica del poder de producción de sujetos y la singularidad, lo inapropiable, aquello que el capital no puede captar. ¿Cómo entender y pensar esta distinción?
-Entramos en un tiempo histórico donde cada vez será más difícil determinar y definir qué zona de la experiencia sexuada, hablante y mortal no es apropiable por el circuito repetido, homogéneo y sin límites de la mercancía. En este sentido trato de advertir acerca de la confusión de algunas corrientes teóricas del posmarxismo, que afirman que en esta época la subjetividad es enteramente una construcción del poder. A mí modo de ver, estas concepciones conducen a regalarle todo al poder y además al riesgo de establecer que el capital logró su crimen perfecto. Si ese fuera el caso, ya no hablaríamos en otra lengua que la del discurso capitalista. Lo instituyente, lo que llamo “soledad común”, es una objeción a este planteo.
-¿La hegemonía conduce necesariamente a la emancipación?
-No. Aún siendo cierto que la construcción hegemónica, por su carácter instituyente, permite la emergencia de una voluntad colectiva que desborda el campo institucional ya instaurado, siendo cierto también que la construcción hegemónica conforma un momento de radicalización de la democracia, no hay una ley de la historia que garantice el progreso hacia la emancipación. En todo caso, es factible hablar de espacios sociales donde las prácticas emancipatorias pueden tener lugar.
-¿En qué sentido sostenés que en el capitalismo hay golpes financieros que funcionan como un terrorismo  de Estado de nuevo cuño? ¿Qué posibilidades, recursos o acciones tienen los estados nacionales soberanos para defenderse de esos ataques?
-Hoy en día, la comunidad internacional no existe, el capitalismo actual ha hecho retornar la violencia que Marx le otorgaba al momento mítico de la acumulación primitiva. En la actualidad, al capital no le es suficiente con la extracción de plusvalía en la relación entre capital y trabajo: el capital necesita nuevamente del pillaje y el saqueo, y esta modalidad funciona como un nuevo tipo de “Estado de Excepción”. Para destruir las soberanías nacionales y tomar como rehenes a los pueblos y a los sujetos, el instrumento utilizado es una deuda que opera como una abstracción misteriosa. Esa deuda tiene como proyecto final hacer de cada hombre un endeudado que se encuentra frente a las puertas de la ley, como en el célebre cuento de Kafka.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.


-¿Por qué te referís al kirchnerismo como un “acontecimiento”? ¿Cómo pensás al kirchnerismo en relación con el peronismo? ¿Es una reedición del peronismo de 1946, una adaptación del peronismo al siglo XXI, u otra cosa?
-El kirchnerismo no sólo surge en el trayecto que lleva del peronismo al kirchnerismo, como uno de sus momentos internos o uno de sus desenlaces. Más bien, en este sentido, el kirchnerismo es la contingencia que brota del país imposible de 2001. Es el suplemento contingente que anuda los Derechos Humanos, los movimientos sociales surgidos en 2001 y el peronismo. Al ser un suplemento contingente, no puede ser un paso más del peronismo sino que es un nuevo episodio de lo político. Precisamente porque el kirchnerismo anudó al peronismo cuando el país se desintegraba, el peronismo forma parte del kirchnerismo, y no al revés. Sólo cuando se es fiel a un legado histórico es que la separación se puede plantear. El kirchnerismo es el duelo, en el verdadero sentido de la palabra, la elaboración histórica del peronismo. Es la contingencia que asume al peronismo para volverlo otra cosa. La contingencia kirchnerista constituye el comienzo de una nueva estructura del pensamiento político en la Argentina, lo que lógicamente no se demostrará de inmediato. Los actores políticos de esta estructura, que ya están en la escena del presente, preparan a los que están por venir. El kirchnerismo es todas esas cosas pero en especial, como lo recuerda Goethe, lo que es grande en un género provoca al que lo excede. Sólo en la realidad histórica del peronismo, ahora lo sabemos retroactivamente, podía surgir una experiencia política que ya no puede ser pensada solamente como un momento interno del despliegue del espíritu peronista. El kirchnerismo supo ser “éxtimo” (exterior e íntimo a la vez) con respecto al peronismo.
-En relación a los ’70, ¿observás continuidad o ruptura en la práctica militante?
-Ha retornado una experiencia militante apasionada. Sin embargo, hay una ruptura clave en relación con los ’70 que consiste en que la militancia no tiene a la violencia o a la muerte como el término que funciona como el “Amo absoluto”, en la situación que planteaba Hegel, la lucha a muerte entre el amo y el esclavo.
-¿Qué opinión tenés del futuro inmediato de América Latina?
-En los próximos lustros se terminará confirmando que la única manera de realizar la república y la democracia es el populismo de izquierda.El populismo no es la demagogia de Le Pen, Berlusconi o Trump, sino que es un modo, en el capitalismo posindustrial, de saber tratar aquello que ha sido excluido de las instituciones. Esa es la famosa “cadena equivalencial” de las distintas y bien diferentes demandas populares. El populismo es un modo de incluir, sin homogeneizar ni amalgamar todo en una masa uniforme, aquello que, precisamente, hace el capital.
-¿Cuáles son los desafíos del populismo para el próximo lustro?
-Como ya lo hemos expresado, cuando nos referimos a la tensión que se establece entre “lo político” y “la política” no podemos establecer a priori lo que va a producirse, ni afirmar que será un proceso progresivo. Los proyectos populistas asumen el riesgo de estar y participar en el Estado, situación que otras corrientes de izquierda sólo plantean testimonialmente. El Estado constituye la sede en la que convergen distintas lógicas implicadas. A su vez, las grandes corporaciones del neoliberalismo intentan condicionar e influir la toma de decisiones de los estados. No hay Estado que esté libre de los embates de las corporaciones. Por eso, me parece que en los próximos años será un desafío mirar atentamente y conservar las transformaciones que se presentan como irreversibles. En Europa misma podremos ver, y ya vemos, que los populismos de izquierda, cuando los Estados están capturados por las corporaciones neoliberales, entran en gravísimos problemas, como le está sucediendo actualmente a Grecia con la voluntad de poder alemana, que es bien distinta a una voluntad popular.
-¿Cuales son los desafíos para el próximo lustro?
-En este aspecto la frase que suele pronunciar la presidenta Cristina de Kirchner es clave: “La Patria es el Otro.” Está la construcción colectiva y hay siempre una otredad que no se disuelve en lo colectivo. Esta es la apuesta. «

LO POLÍTICO
“Es la constitución del sujeto en la lengua, que exige ser diferenciada de la producción política de las subjetividades.”

EMANCIPACIÓN
“No hay una ley histórica que garantice el pasaje a la emnacipación. Sí espacios sociales donde las prácticas pueden tener lugar.”

ACUMULACIÓN
“El capitalismo actual ha hecho retornar la violencia que Marx le otorgaba al momento mítico de la acumulación primitiva.”

MILITANCIA
“Ruptura clave en relación con los ’70: la militancia no tiene a la violencia o a la muerte como ‘Amo absoluto'”

http://tiempo.infonews.com/nota/184107

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s