Los poderosos que sonríen ocultan sus colmillos de depredador…


Raymond Berberian

LA BALADA DE LOS SUEÑOS…
“AFORISMOS y pensamientos”
“RAYMOND HENRI CHARLES”
***
Los poderosos que sonríen ocultan sus colmillos de depredador…
Educación y respeto salen de la misma fuente…
La religión del amor es saber perdonarse a sí mismo…
Cada uno trata de erigir su propio castillo sobre el castillo del otro…
Si la intolerancia comienza a reinar y la atmósfera se llena de malestar y de odio, son señales que revelan de que existen pretensiones insatisfechas…
Un sombrero al que necesita un par de alpargatas, es motivo de discordia…
Una madre que escatima afecto a un hijo, a la corta o a la larga, el hijo le hará pagar por ello…
Si alguien se arrima a otro, es porque presiente que en el otro está lo que busca para conformar sus necesidades…
La discreción es asimismo uno de los tentáculos de la hipocresía…
Quien obsequia una sonrisa a un tercero, negocia con su adrenalina…
Nadie busca más satisfacciones de las que cree necesitar…
***
Nadie cede sus fortalezas, sino sus debilidades
Nadie compara sus debilidades, sino sus fortalezas
Nadie negocia con las firmezas por ser duras de conmover
Se ejerce presión solamente sobre las cosas que ceden
En verdad, todas las cosas ceden
Lo que cambia es el poder que las somete…
***
EDICIONES R.B ARMÉNIE. DISPONIBLES…
“Memorias de un gato” Tercera edición. La vida de un gato filósofo (cuento reflexivo) “EL ARTE DE SER INÚTIL” Historia de una niña con demasiados talentos. “TIEMPOS SIN NOSTALGIAS” Auto biografía novelizada. “YO ¿QUÉ SOY?” Un interrogante sin fin. “LA VIDA SOBRE UN BORRADOR” Reflexiones. “LA BALADA DE LOS SUEÑOS” Aforismos y pensamientos. (Un tomo con dos novelas) 1:“LÁGRIMAS EN LAS MEJILLAS DEL CIELO” Novela histórica sobre los fenicios y armenios de hace cuatro mil años atrás y su llegada al Nuevo Continente de los misterios. Y…2:“MARIA DEL PUENTE” Novela. Una mujer que lo tuvo todo cuyo destino la perseguía como una sombra nefasta.
raymond_berberian14@yahoo.com.ar

Un cuento de Rupén…
“LA MISERIA…”

Contra la pared de una calle céntrica, una niña de apenas catorce años cargaba un bebé de pocos días, totalmente desnudo y sucio. Sucio él, sucia ella. Para colmo, la muchacha lloraba y las lágrimas formaban surcos en sus mejillas extrañamente coloradas, la cara hinchada como habiendo sido brutalmente castigada.
¡La miseria…! Era la cara de la miseria…
Me resultó fácil interpretarla: la indiferencia de los transeúntes era más que hiriente. Nadie reparaba en su presencia, la gente prefería ignorarla y desviar la vista. Y ¡cómo no espantarse…! El cuadro era intolerable, desgarrador, era semejante a cuando, de niño, a mi arribo a Tierra Santa, asistí al “degollamiento” de un cordero en mi honor.
La escena me dejó mortificado hasta que crecí y alcancé el olvido.
Ella, era el cordero sacrificado en honor de la gran urbe, un monumento vivo a la miseria. Sus cartas estaban echadas, aquí o allá la indiferencia marcaría su destino junto a un hijo en brazos sin que tuviese un trozo de papel que cubriese su desnudez.

Eran cerca del mediodía y hacía mucho calor. El sol parecía lanzar su artillería pesada incinerando las sombras a su alcance. En las oficinas los aparatos de aire acondicionado funcionaban a pleno.

Me había cruzado con ella y al querer proseguir mi camino algo en mi interior me detuvo. Retrocedí, introduje una mano en un bolsillo y extraje una moneda. Como quien no quiere las cosas, la coloqué en medio de su pequeña mano sucia y apenas abierta. Busqué su mirada y suavemente le acaricié la cara. Ella no se opuso… sabía que con este gesto le estaba entregando un sentimiento que le era casi desconocido y, que además, le estaba revelando mi inconfesable vergüenza. No me agradeció. Tanto ella como yo lo consideramos innecesario.
Estaba detenida justo debajo de una de unas goteras producidas por los aparatos refrigerantes, enjugando la frente afiebrada de su pequeño con el agua que caía gota a gota.
Parecía un animalito desamparado, cuyo destino había de acabar indefectiblemente devorado por un enorme dragón con arterias de asfalto y semáforos de fuego sin que pudiera aspirar a ser salvado por un caballero de lanza y espada justiciera.
Me di vuelta llevando conmigo su mirada. En mi interior algo lloraba a la par de ella. Me estaba reprochando el no haber acudido a salvarla de esa situación, por no haber siquiera cubierto en lo mínimo sus necesidades más imperiosas, por no haberme comprometido, como creo debí haberlo hecho, humanamente…, claro.

Pude haberla adoptado, pese a las consecuencias que pudieran surgir, a ella y a su hijo; pude haberla bañado, alimentado y vestido decentemente, pero no lo hice; ¡no lo hice!, sólo le puse una insignificante moneda entre sus dedos temblorosos y húmedos. Obré con ella como si fuera un mendigo, uno de tantos que se burlan de la ingenuidad y de la buena fe de los transeúntes.

Eso fue la semana pasada y desde entonces medito sobre el tema. “¿Cómo sería – pienso – si fuéramos humanos, verdaderamente humanos, humanos en el buen sentido de la palabra, ya que resulta imposible encuadrar nuestra conducta como cristianos? ¿Qué culpa tiene esa pobre criatura tener que arrastrarse por la vereda de la vida de ese modo? Me pregunto, ¿quiénes son los miserables?, ¿los que sufren?, ¿o los que provocan la pobreza y el llanto?

Hoy más que nunca entiendo lo inútil que resulta encontrar una aguja en un pajar, lo inservible de una moneda, aunque estuviese cargada de emoción y de buena onda.

Hoy más que nunca constato, no sin tristeza, que estamos alineados hombro a hombro burlando sentimientos y simulando al avestruz escondiendo la cabeza. Somos quienes nos sacudimos la caspa de los hombros ante el dolor ajeno, y si extendemos la mano, es siempre para sacar algún provecho. Lamentablemente, todos somos responsables de que nuestro mundo siga siendo un monte calvario donde los solapados Pilatos, ni siquiera se lavan las manos.
*
Raymond Henri Charles (Rupén) Berberian
raymond_berberian14@yahoo.com.ar

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