Francisco : “Hay que cambiar el sistema, ya no se aguanta”


Página12

Francisco llamó a los campesinos, indígenas y trabajadores a luchar por la “triple T” (tierra, trabajo y techo).

En un discurso de casi una hora, el papa Francisco condenó “el viejo y nuevo colonialismo” y, en ese marco, pidió perdón por los crímenes contra los pueblos originarios cometidos en nombre de la Iglesia en “la llamada conquista de América”.

 Por Sebastián Ochoa

Página/12 En Bolivia

Desde La Paz

“Pido humildemente perdón no sólo por las ofensas de la propia Iglesia, sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América”, aseguró el papa Francisco durante la clausura del Encuentro Mundial de Movimientos Populares, que respondió con largos aplausos a cada uno de los posicionamientos, pocas veces escuchados en alguien de su investidura. Además del pedido de perdón, en el discurso más largo desde que inició la gira por América (57 minutos), llamó a los campesinos, indígenas y trabajadores a luchar por la “triple T”, tierra, techo y trabajo, y los convocó a organizarse para “poner la economía al servicio de los pueblos”. “Queremos un cambio, un cambio real, un cambio de estructuras. Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los pueblos. Y tampoco lo aguanta la Tierra, ‘la hermana Madre Tierra’, como decía San Francisco”, aseguró.

“¿Reconocemos que las cosas no andan bien en un mundo donde hay tantos campesinos sin tierra, tantas familias sin techo, tantos trabajadores sin derechos, tantas personas heridas en su dignidad? ¿Reconocemos que las cosas no andan bien cuando estallan tantas guerras sin sentido y la violencia fratricida se adueña hasta de nuestros barrios?”, dijo el Papa ante cinco mil representantes de organizaciones sociales llegados desde 40 países.

“¿Reconocemos que las cosas no andan bien cuando el suelo, el agua, el aire y todos los seres de la creación están bajo permanente amenaza? Entonces, digámoslo sin miedo: necesitamos y queremos un cambio. Muchos esperan un cambio que los libere de esa tristeza individualista que esclaviza”, diagnosticó el pontífice.

“Cuando el capital se convierte en ídolo y dirige las opciones de los seres humanos y la avidez por el dinero tutela todo el sistema socioeconómico, arruina la sociedad, condena al hombre, lo convierte en esclavo”, comentó. En este aspecto, consideró que las organizaciones sociales pueden marcar la alternativa que hace falta.

“Ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen mucho. Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos. Les invito a construir una alternativa humana a la globalización excluyente. No se achiquen”, los alentó Francisco.

“Aquí en Bolivia he escuchado una frase que me gusta mucho: ‘Proceso de cambio’. Me gusta tanto la imagen del proceso, donde la pasión por sembrar, por regar serenamente lo que otros verán florecer, reemplaza la ansiedad por ocupar todos los espacios de poder disponibles y ver resultados inmediatos. Queremos un cambio que se enriquezca con el trabajo mancomunado de los gobiernos y los movimientos sociales”, aseguró el Papa.

Aunque dijo no tener recetas, Bergoglio hizo recomendaciones para ese cambio: el primero fue el de “poner la economía al servicio de los pueblos” y oponerse a “una economía de exclusión e inequidad”. También consideró que “la propiedad, muy en especial cuando afecta los recursos naturales, debe estar siempre en función de las necesidades de los pueblos, no alcanza con las gotas que puedan llegar a derramar de la copa”. “Podemos lograrlo, esta economía al servicio de los pueblos no es una utopía, los bienes disponibles son suficientes. El problema es el sistema”, concluyó.

Afirmó entonces que “ningún poder fáctico o constituido tiene derecho a privar a los países pobres del pleno ejercicio de su soberanía” y lamentó la existencia de “nuevas formas de colonialismo que afectan seriamente las posibilidades de paz y de justicia”, y que “adoptan distintas fachadas como algunos tratados de libre comercio y la imposición de medidas de austeridad que siempre ajustan el cinturón de los trabajadores y los pobres”.

Recordó entonces la importancia de que los pueblos y gobiernos latinoamericanos se sientan parte del concepto de la “Patria Grande”, y alertó que a veces, “bajo el noble ropaje de la lucha contra la corrupción, el narcotráfico o el terrorismo, se imponen medidas que poco tienen que ver con la resolución de esas problemáticas y muchas veces empeoran las cosas”. En ese momento incluyó “la concentración monopólica de los medios de comunicación social” como otra de las formas que adopta el nuevo colonialismo. Y siguió definiendo: “El colonialismo, nuevo y viejo, reduce a los países pobres a meros proveedores de materia prima y trabajo barato”.

En ese contexto, introdujo el pedido de perdón por las matanzas promovidas en el continente por la misma Iglesia. “Alguno podrá decir, con derecho, que cuando el Papa habla del colonialismo se olvida de ciertas acciones de la Iglesia. Se han cometido muchos y graves pecados contra los pueblos originarios de América en nombre de Dios”, reconoció. Y recordó que ya lo habían dicho con anterioridad la Conferencia Episcopal de América Latina y Juan Pablo II. “Quiero ser muy claro, como lo fue san Juan Pablo II: pido humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia, sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América”, dijo.

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Pero también pidió que se reconociera el valor de obispos, sacerdotes y laicos “que se opusieron a la lógica de la espada con la lógica de la cruz. Hubo pecados y abundantes, por eso pido perdón. Pero donde hubo pecado sobreabundó la gracia en quienes predicaron y predican la buena noticia de Jesús con coraje y mansedumbre”.

El Papa y el presidente Morales recibieron de campesinos e indígenas el “Documento de Santa Cruz”, fruto de tres días de debate.

“El pecado que tiene el ser humano es el capitalismo. Mientras exista el capitalismo y el imperialismo, la lucha va a seguir, por más que haya presidentes o dirigentes en todo el mundo. El pueblo vive de salario y del movimiento económico. Un discurso no es suficiente para garantizar la liberación democrática. A una liberación política hay que acompañar con una liberación económica”, enfatizó el presidente boliviano.

Más allá de las definiciones sociales y políticas, la atención mediática se concentró ayer en un regalo que Morales le hizo al Papa el miércoles a la noche. Era una pequeña escultura de un Jesucristo crucificado en la hoz y el martillo. En este gesto, la mitad de los comentaristas interpretaron algo así como mensaje infernal. En realidad, el obsequio que permitió a muchos hacer gala de sus prejuicios implicaba un homenaje al cura Luis Espinal, asesinado por la dictadura de Luis García Meza en 1980 (ver aparte).

Esta mañana, Francisco visitará a los presos de la cárcel cruceña de Palmasola. Para la ocasión, el Gobierno tiene listo el indulto a tres mil reclusos. A las 14 de Argentina, el Papa continuará su viaje hacia Paraguay

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-276806-2015-07-10.html

Un fantasma recorre América

Página12

Por Luis Bruschtein

“Queremos un cambio, un cambio real, un cambio de estructuras. Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los pueblos. Y tampoco lo aguanta la Tierra, la hermana Madre Tierra.” Estas palabras provocaron un estallido de aplausos de los representantes de los movimientos sociales de América latina, muchos de ellos ubicados a la izquierda de la izquierda. Y no estaban aplaudiendo a Fidel, a Evo, a Chávez o a Cristina Kirchner, o Lula, sino a la eminencia mayor de los católicos. No se conocen antecedentes en que el máximo líder de la Iglesia pronuncie un discurso como ese discurso en semejante escenario.

El discurso del papa Francisco ante los movimientos sociales reunidos en Santa Cruz de la Sierra tuvo una resonancia inédita y hasta cierta connotación surrealista por lo disruptiva. Un papa católico, junto a Evo Morales y líderes obreros y campesinos en un pequeño y expoliado país de América latina. Más allá del origen latinoamericano de ese papa, la elección de la escena y las palabras que se volcaron implican una decisión política que tiene profundas implicancias en el escenario internacional. Es un papa que ha optado por una papel terrenal, al igual que Juan Pablo II, pero en un registro político muy diferente.

“Ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen mucho. Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos.” Parece la apropiación de una frase proveniente de otra cultura política. El Papa la formula rodeado de obispos latinoamericanos que fueron designados por sus antecesores y que en buena medida han expresado todo lo contrario. Ese cuerpo de obispos no tiene la misma gimnasia y, seguramente, varios de ellos se sentirán incómodos.

Hubo varias referencias que tienen implicancias directas con muchos de los conflictos argentinos. Al enumerar algunos de los problemas más graves de las sociedades modernas subrayó “la concentración monopólica de los medios de comunicación social”. Mientras hacía estas afirmaciones, que en Argentina tienen una significación concreta con el Grupo Clarín, el enviado de ese medio, Sergio Rubin, comentaba con ironía el extraño obsequio –una hoz y un martillo con un Cristo crucificado en el martillo– que Evo le había hecho al Papa y que había provocado su sorpresa. Mientras la pantalla mostraba el obsequio, que se convertía en ese tratamiento mediático en la demostración que se trataba de dos culturas irrremediablemente contrapuestas, el Papa se despachaba en Santa Cruz de la Sierra en contra de la concentración monopólica de los medios, de la que el Grupo Clarín, como exponente argentino de ese fenómeno, se ha convertido en una especie de ogro latinoamericano.

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Palabras como “colonialismo” o conceptos como “Patria Grande” formulados en ese contexto ubican al Vaticano en un registro histórico diferente, porque hasta hace unos pocos años, la idea de colonialismo estaba asociada a la Iglesia Católica, también parte de la estructura de poder de señores feudales en épocas coloniales y de terratenientes y oligarquías en las posteriores. La Iglesia formó parte institucional y simbólica de la estructura de poder de las clases dominantes latinoamericanas, con excepción de algunos obispos, muchos de los cuales fueron expulsados, durante los dos papados anteriores al de Francisco, por haber dicho la mitad de lo que dijo ayer el Papa en Bolivia.

Es inevitable hacer una lectura política, porque cada palabra tuvo esa intención: ¿Qué dirían, por ejemplo, asesores de Mauricio Macri como Carlos Melconian o Federico Sturzenegger de la frase “poner la economía al servicio de los pueblos” y oponerse a “una economía de exclusión e inequidad”, o la afirmación de que “el colonialismo, nuevo y viejo, reduce a los países pobres a meros proveedores de materia prima y trabajo barato”? Pocas horas antes, la presidenta Cristina Kirchner en Tucumán hablaba por la cadena nacional de radiodifusión sobre la importancia de tener una economía independiente de los precios de las materias primas, para lo cual era necesario industrializar el país, como se ha impulsado desde su gobierno. Los portales de los grandes medios la criticaron porque hacía un discurso político el Día de la Independencia. La idea de una historia apolítica forma parte de esa cultura colonizada que criticó el Papa, porque tanto la historia como la Iglesia siempre hacen política. Lo que pasa es que las políticas de derecha tienden a ser naturalizadas como apolíticas por el sentido común hegemónico, que es de derecha.

La mayoría de los obispos latinoamericanos, sobre todo los episcopados de cada país, no está en sintonía con esos contenidos. Representan un factor a veces tan conservador o reaccionario como los que critica el Papa. En los países latinoamericanos donde hay procesos populares con discursos en consonancia con el papal, varios episcopados se han convertido en una parte de la oposición junto a los medios concentrados de comunicación. Hubo momentos que en Argentina, bajo la conducción del mismo Bergoglio, también funcionó de esa manera. El discurso del papa Francisco de ayer, que marcará un hito en la Iglesia Católica, no aparece en línea con esos antecedentes. Si ese fuerte contenido baja hacia la línea de obispos, la gran maquinaria simbólica y concreta de la Iglesia habría producido un giro trascendental con una profunda proyección en el escenario mundial.

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-276809-2015-07-10.html

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