La realidad de la película “real”


 
 

Asunción, Paraguay, Viernes 14 de Marzo de 2008

Arte y espectáculos

Cosas de las que no se hablan

SALAMANCA. El genocidio armenio, con más de un millón de muertos, provocado por el ejército turco en 1915, es el tema sobre el cual quiere llamar la atención la película “Ararat” (2002), considerada canadiense por haber sido realizada en Toronto, pero tiene más de Armenia que de Canadá. Su director, Atom Egoyan, nació en Egipto, de padres armenios, y se vio sujeto a los trajines de la emigración juntamente con su familia como tantos otros de su pueblo después de la diáspora de 1915.

No se trata de un panfleto o simplemente de una denuncia. Es una historia compleja en la que sus personajes se afanan por traer al presente aquellos elementos simbólicos que tienen que ver con sus orígenes como pueblo (la geografía, el monte Ararat) y con la formación de su cultura (la Virgen con el Niño de la antigua ermita y el cuadro de un pintor moderno, testigo presencial del genocidio del que pudo escapar llevando una fotografía suya con su madre, el único vínculo que lo mantenía atado a la historia de sus ancestros.

“Ararat” es una película adentro de otra película, la destinada a recoger el genocidio armenio. De este modo, la realidad de la película “real” se prolonga a la ficción de la segunda película, que sin embargo es la que está narrando una historia absolutamente real, basada en informaciones de archivos, declaraciones de sobrevivientes del holocausto y todo aquello que pudiera enriquecer esta estremecedora denuncia. Dentro de este juego de idas y venidas, no es gratuito que el director de la segunda película sea Charles Aznavour (el famoso cantante francés) que si bien nació en París, fue el menor de dos hijos de inmigrantes armenios que huyeron a Francia a raíz del genocidio turco. Su nombre verdadero es Chahnour Varinag Aznavourian.

A pesar del proceso de modernización que experimentó Turquía en los años treinta bajo la presidencia de Mustafá Kemal, “Atatürk” (1881-1838), hasta hoy día está prohibido hacer alusión al genocidio armenio. El Estado “kemalista” no lo reconoce e incluso hay penas de cárcel para quien se refiera al genocidio y defienda su existencia.

Es evidente que las “leyes de punto final“, los esfuerzos de provocar el olvido como camino para borrar los errores del pasado, no sirven. En todos los países que sucedieron violaciones estremecedoras de los derechos humanos, nunca funcionaron tales fórmulas. Hay una necesidad imperiosa de hablar de aquellos hechos, de manera más o menos pública, de manera más o menos secreta de acuerdo a las medidas de represión que existan.

El pasado año se aprobó en España la llamada Ley de la Memoria Histórica, que es muy criticada y resistida por los grupos más conservadores, sin nombrar a aquellos que de alguna o de otra manera colaboraron con la dictadura de Franco. Es conmovedor ver a gente queriendo averiguar dónde está enterrado su padre que una noche fue sacado a la fuerza de su casa, o el hermano, o el tío, o el abuelo. Por eso, cualquier hallazgo de una fosa común con restos humanos se convierte inmediatamente en el centro de atención de muchos.

Cuando terminé de ver la película, me di cuenta que era ocho de marzo; se cumplían sesenta y un años del levantamiento de Concepción que fue el detonante de la guerra civil del 47 y de la que nunca o muy poco se habla. Y cuando se habla no es para tratar de averiguar la verdad y corregir los errores que se han cometido entonces. Como resultado de aquella guerra que se distinguió por su crueldad, se impuso la famosa “trilogía: partido, gobierno y gloriosas Fuerzas Armadas“, fórmula que sintetiza la esencia misma del fascismo en su más estricto sentido. Sesenta y un años y sigue vigente esta fórmula que no permitirá, nunca, la verdadera democratización del país. Y tampoco permitirá que todos aquellos que sufrieron inmerecidos castigos (baja deshonrosa para los militares institucionalistas), puedan ser reivindicados.

jruiznestosa@gmail.com

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de Ruben Demirjian Publicado en Cultura

Yo apuesto por vos Sirusho!!!


 
El triunfo de la canción de Armenia ‘Qele qele’, interpretada por Sirusho, se pagaría únicamente por 7 a 1, seguida de Ucrania (7,2 a 1) y, a más distancia, por el pavo irlandés Dustin (8,4 a 1).
 
 
 

Armenia supera a Chikilicuatre en las apuestas en internet

   

Madrid. (EUROPA PRESS).- La candidatura de Armenia a Eurovisión lidera las apuestas en internet, mientras que el ‘chiki chiki’ de Rodolfo Cikilicuatre se queda a mitad de tabla, según datos facilitados por la plataforma de pujas on line ‘betfair.com’.

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Dos días después del arranque de las apuestas,’Baila el chiki chiki’ no se sitúa, de momento, entre los favoritos para ganar el próximo festival de Eurovisión y su hipotética victoria, el próximo 24 de mayo en Belgrado, se pagaría a 65 euros por cada euro apostado.

Betfair ha sido una de las primeras casas de juego en España que ha ofrecido a sus usuarios la posibilidad pujar por las candidaturas que se presentan a certamen musical. Hasta el momento, el volumen de las apuestas asciende a los 42.000 euros.

El triunfo de la canción de Armenia ‘Qele qele’, interpretada por Sirusho, se pagaría únicamente por 7 a 1, seguida de Ucrania (7,2 a 1) y, a más distancia, por el pavo irlandés Dustin (8,4 a 1).

Mientras tanto, Gisela, que representa a Andorra (candidato oficioso de los eurofans) con su tema ‘Casanova’, ocupa los últimos lugares de la clasificación (su victoria se paga 270 a 1). Otros países que se encuentran en las últimas posiciones son Croacia (250 a 1), Albania (300 a 1) o Bielorrusia (300 a 1).

Apuestas en Irlanda
Por su parte, la casa de apuestas irlandesa PaddyPower sitúa al pavo Dustin, como el principal favorito a conseguir la victoria. En cuanto a Chikilicuatre, ocupa el puesto 24 de 37 artistas que aparecen en la lista facilitada por esta empresa online.

‘PaddyPower’ ha decidido que la victoria del muñeco de gomaespuma irlandés se pague 4 a 1, mientras que un hipotético triunfo del baile del ‘chiki chiki’ se pagaría 25 a 1. La canción de Andorra ocupa la sexta posición y se paga 14 a 1.

Serbia, la última vencedora del concurso celebrado el año pasado en Helsinki, todavía no aparece en esta lista. España está por detrás de países como Turquía, Azerbayán, Bielorrusia o Georgia, entre otros.

Los tres son los que dicen quienes son los buenos ,quienes son los malos


 
Nota de Archivo del Sábado, 22 de Enero de 2005 ,pasaron casi 4 años  y siempre los mismos
 
EEUU,ISRAEL Y TURQUIA…SIEMPRE EN LA LISTA DE LOS BUENOS
 
 
Las tiranías a derrocar, por supuesto, son elegidas según la variedad de intereses del imperio, en un marco general ideológico ultraconservador. Así, China, Pakistán o Turquía jamás figuran en el índex, pero en cambio, concentrando el foco en esta región, Cuba y Venezuela fueron mencionadas estos días por Condoleezza Rice,
 
 

LIBERTADES

 
Por J. M. Pasquini Durán

Una encuesta de la BBC inglesa, citada por El País de España, “refleja que una mayoría abrumadora de los ciudadanos de veinticuatro países teme que la reelección [de George W. Bush en Estados Unidos] haya contribuido a la inseguridad del mundo”. Si la encuesta se extendiera a un número mayor de países sin duda que encontraría la misma opinión en porcentajes equivalentes. Incluso entre los norteamericanos el 49 por ciento de los consultados está en contra, proporción que lo convierte en el presidente reelecto de un país dividido por mitades, caso único en su historia ya que, por ejemplo, Ronald Reagan y Bill Clinton, dos referencias de tendencias opuestas, iniciaron el segundo mandato con más del 60 por ciento de popularidad. A Bush todavía lo sostiene más el miedo que la esperanza, pese a que en su actual mensaje inaugural evitó términos como “terror” o “terrorismo” y tampoco amenazó como hace cuatro años con “armas de destrucción masiva” en manos de presuntos enemigos, de lo que diversos analistas deducen que intentará reemplazar el miedo por el odio.
En su discurso de asunción los estadígrafos contabilizaron la palabra “libertad” (freedom o liberty en inglés) cuarenta y dos veces, una “democracia” y cinco “tiranía”. “La mejor esperanza para la paz en el mundo es la expansión de la libertad”, aseguró y comprometió el propósito de “acabar con la tiranía” en todo lugar. Loables conceptos en el papel, pero al contrastarlos con la realidad de las invasiones a Afganistán e Irak, las restricciones de las libertades civiles en Estados Unidos y las amenazas de nuevas “guerras preventivas” en el rol de “libertador”, la fraseología libertaria adquiere nuevo sentido. No es lo que dice sino lo que implica: bien podría reemplazarse tiranía con comunismo o terrorismo para regresar medio siglo a las doctrinas de la Guerra Fría y del maccartismo. Sólo que esta vez el enemigo no está en un territorio específico sino en todos lados, porque es tan tangible como la visión del Anticristo de los fundamentalistas religiosos y tan infinito como la lucha del bien contra el mal. “Las personas serán libres y democráticas aunque haya que torturarlas y matarlas para que lo acepten”, sería el mensaje verdadero sin la hipocresía del protocolo.
Las tiranías a derrocar, por supuesto, son elegidas según la variedad de intereses del imperio, en un marco general ideológico ultraconservador. Así, China, Pakistán o Turquía jamás figuran en el índex, pero en cambio, concentrando el foco en esta región, Cuba y Venezuela fueron mencionadas estos días por Condoleezza Rice, sustituta de Colin Powell, en su presentación ante los miembros del Capitolio. Cuba es un clásico ya que en febrero próximo cumplirá cuarenta y tres años sometida al bloqueo norteamericano, pese al repudio mundial por esta salvaje violación de las normas legales y tratados internacionales.
La antigüedad del atropello indica que, por encima de republicanos y demócratas, hay intereses permanentes que alimentan las sucesivas doctrinas imperialistas, presentadas hoy como libertadoras. La inclusión de Venezuela, cuyo presidente fue ratificado por un plebiscito popular vigilado por supervisores internacionales, entre ellos los equipos del ex presidente Carter, quien participó en persona de la inspección del acto electoral, prueba que la Casa Blanca, desde hace mucho tiempo, no soporta la autodeterminación de pueblos y naciones si no son de su palo. Una navaja es siempre peligrosa, pero en manos de un mono puede provocar un desastre. Después de las exposiciones escuchadas estos días, América latina tendrá que repasar con detalle las fortalezas y debilidades de su potencial en las relaciones exteriores, para impedir las tropelías imaginadas por el mono con navaja.
De todos modos, el mensaje actual de Bush no debe ser objeto del mero desdén, porque responde a una visión del mundo y tiene los recursos militares para realizarlos, además de la euforia exitista por su reelección. La fastuosa celebración por su segundo mandato fue propia de un emperador, aunque resultara chocante en un momento de ese país que tiene decenas de miles de jóvenes arriesgando la vida para defender los intereses petroleros de algunas corporaciones, sobre todo las que maneja el vicepresidente Cheney, también reelecto. “Los contrastes entre este triunfalismo desenfadado y el mundo real son tan grandes como el propio continente norteamericano”, editorializó el británico The Guardian. El conservador Daily Telegraph pronosticó: “Será difícil que las palabras de Bush sobrevivan en la realidad del mundo”.
Lo que parece ajeno al sentido común o a una noción de la realidad sólo tiene lógica en la “sociedad de la propiedad” que reivindicó Bush, cuyas ceremonias de investidura fueron las más caras de la historia norteamericana, con un valor de cincuenta millones de dólares, “aunque en su mayor parte, subraya El País, no las costearán los contribuyentes sino las empresas. Se refuerza así la evolución hacia unos Estados Unidos Sociedad Anónima”.
Hay otro motivo para tomar en consideración las invocaciones libertarias de Bush. Ofrecen la oportunidad para que todos, empezando por cada uno, evalúen de nuevo y a fondo los significados en este siglo de conceptos como libertad y democracia, entendidas hasta la actualidad según los parámetros liberales, de la Revolución Francesa en adelante. Sin embargo, ¿hasta dónde es libre hoy un país con el comercio y las finanzas mundializadas? ¿Qué valor tiene la democracia para hombres y mujeres de todas las edades tiranizados por la pobreza, la ignorancia y las enfermedades? No son preguntas de retórica abstracta en Occidente, mucho menos en Argentina, donde el setenta por ciento del poder está en manos de las corporaciones, de esa “sociedad de la propiedad” que menta Bush, según lo ha reconocido en este diario la senadora Cristina Fernández de Kirchner.
Nadie que siga las noticias ignora que el viaje de estos días a París del presidente Kirchner y una comitiva de alto nivel, con su correspondiente entrevista con Jacques Chirac, titular del gobierno francés, tuvo en la agenda las relaciones contractuales del Estado argentino con una empresa francesa, concesionaria del servicio público del agua, que es filial de una de las diez mayores corporaciones transnacionales de aquel país, por temas de inversiones y tarifas que deberían ser de estricta soberanía nacional. La glamorosa Francia tiene un historial de salvaje colonialismo y las técnicas de tortura aplicadas por sus soldados en Argelia han sido y son uno de los modelos aplicados por las tiranías del mundo, incluso en la cárcel norteamericana de Guantánamo, según constancias fotográficas de difusión internacional.
Esa historia imperialista amasó la cultura del poder en ese país, aunque Chirac use la navaja sólo para afeitarse, y se expresa con toda crudeza en las tácticas de presión que usa la corporación concesionaria, cuando la Argentina necesita de todo el apoyo que pueda conseguir de los países ricos para completar con éxito la operación de canje de los bonos de la deuda, resistida en primer lugar por los tenedores argentinos. Nada de esto es novedad, sólo un recordatorio, pero las preguntas sobre la libertad y la democracia siguen picando. De más está decir que las respuestas ineludibles están muy lejos del internismo electoralista que hoy hace roncha en la ciudad y en la provincia de Buenos Aires. La vieja política es tan parroquial que percibe al mundo como un catálogo para depositar la plata mal habida en paraísos fiscales o para hacer turismo. Si esta república queda otra vez en esas manos… Mejor no siga leyendo ni haga caso de las premoniciones si quiere disfrutar el verano sin sobresaltos desagradables.