La universalidad indiscutible


 
 

Pero en su pasado, en la Alemania de los años 20, mató a quien había sido el gobernador de Turquía y el que instrumentó el genocidio. Cuando se radica en Alemania, alquila un departamento, busca hasta encontrar a este macabro personaje y lo mata. Se entrega voluntariamente y, de manera inesperada, los alemanes lo juzgan y lo absuelven.

 
 

 

 

 Los escenarios, después de la política

Tras su paso por la Legislatura porteña, el actor Héctor Bidonde vuelve a los escenarios como protagonista de "Un hombre torcido", una sólida obra que aborda las secuelas del genocidio armenio a manos de los turcos.
 

BUENOS AIRES (Télam).- Luego de su paso por la Legislatura porteña, el actor Héctor Bidonde retorna al teatro como protagonista de "Un hombre torcido", la obra de Richard Kalinoski en la que se abordan las secuelas del genocidio armenio a manos de los turcos.

La pieza que se presenta los sábados, a las 22.30, y los domingos a las 18.30 en el teatro El Nudo (Corrientes 1551, Capital), con dirección de Manuel Iedvadni, ubica la acción en Estados Unidos donde un sobreviviente de la masacre ha logrado rehacer su vida y constituir una familia.

Ya en la madurez de su vida y acosado por los fantasmas del pasado, entre los que no falta la culpa, el protagonista mantiene una sólida pero conflictiva relación con su nieto, un joven estudiante de periodismo, a pesar de la incomprensión de su hija que teme por su salud mental.

La experiencia política de Bidonde seguramente le permitió abordar el contenido ideológico de la pieza desde una perspectiva más aguda, a pesar de que Kalinoski se cuida mucho de caer en la arenga panfletaria. Refiriéndose a su experiencia política, Bidonde reveló que "uno termina por reconocer que a veces la cultura actúa como una mordaza sobre los instintos y procura la adaptación de la gente".

"Pero al mismo tiempo, tiene un elemento liberador maravilloso que la convierte en un bisturí y, según cómo se lo trate, se lo puede usar para cortar una milanesa u operar un cerebro", agregó.

Sin embargo, el actor reconoció que "cada vez más es mayor el grado de absoluta dependencia de los sectores del capital concentrado y, en ese contexto, y manejada desde el Estado, la cultura debería ser una herramienta de resistencia cultural, ideológica y filosófica. Pero no hay manera de que eso ocurra".

El intérprete no deja de reconocer cierto escepticismo en sus palabras pero aclaró que "el escéptico es un tipo casi pesimista porque sabe que las cosas pueden ser infinitamente mejores y son terriblemente peores para la mayoría de la gente".

Con este bagaje aceptó ser mucho más riguroso en el estudio de una obra así como en la exploración en el bendito tema de las estéticas. "No se explica por qué son tan feroces y canibalísticas las luchas entre las estéticas y no se dan cuenta que abajo hay un trasfondo ideológico y político muy grueso", declaró. Redondeando su reflexión sobre la cultura, Bidonde declaró que "yo siento que el poder de la cultura, así como está planteado, es maravilloso, desaprovechado, a veces despilfarrado, pero lo más cercano es a lo que decía Rilke: ‘si la vida bastara el arte no tendría sentido’".

Tras el estreno de la pieza que comparte con Alejandra Rubio, Martín Slipak y Fernando Sureda, Bidonde señaló que "me resulta una especie de celebración volver al teatro después de cuatro años y encontrarme con un material como este, de semejante contenido".

La obra gira en torno al genocidio de los turcos sobre el pueblo armenio, aunque la acción transcurre en Estados Unidos donde un abuelo armenio logra conservar su identidad cultural.

Pero en su pasado, en la Alemania de los años 20, mató a quien había sido el gobernador de Turquía y el que instrumentó el genocidio. Cuando se radica en Alemania, alquila un departamento, busca hasta encontrar a este macabro personaje y lo mata. Se entrega voluntariamente y, de manera inesperada, los alemanes lo juzgan y lo absuelven.

La obra plantea, por un lado, la necesidad de reivindicación del pueblo armenio y, por el otro, con la negación del pueblo turco de toda responsabilidad sobre un hecho al que consideran una especie de guerra santa que tuvo su precio.

En esta obra, el autor retoma el tema que ya había planteado desde otro ángulo en "La bestia en la Luna". "Es un relato muy entrañable, con una estructura tradicional, pero que tiene un ingrediente especial porque vertebra la relación del nieto que estudia periodismo y viene a encontrarse con su abuelo", explicó.

"Lo interesante es que la obra tiene un humor desopilante -enfatizó- y Iedvadni le dio un vuelo especial apoyado en cierta locura del viejo que por momentos alucina. Además, con la autorización del autor, agregó tramos del juicio basado en documentos reales".

El personaje fue considerado un héroe a través del cual se planteó el debate de "matar al tirano o no matarlo". "Este es un aspecto de la obra muy cercano a nosotros -aseguró el actor- que desde hace años discutimos qué es y por dónde pasa la justicia y en qué medida aprendemos como sociedad".

"En este momento Turquía está por ingresar en la Unión Europea. ¿Qué pueden hacer Europa y Estados Unidos con Turquía? -se preguntó-, se la debe juzgar por el pasado, por los crímenes de lesa humanidad, o determinar que los crímenes de lesa humanidad prescriben según dónde y quién lo haya realizado?".

Finalmente, Bidonde consideró que "por todo lo que está pasando en el mundo la obra tiene una universalidad indiscutible, a pesar de que el autor no ha tenido pretensión de universalidad".

de Ruben Demirjian Publicado en Cultura